POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
La que sigue es una melodía que todos hemos escuchado desde nuestros primeras sobre esta Tierra, tal vez, la más universal de todas y que esconde un trasfondo romántico y nostálgico.
Su título original en alemán es “Wiegenlied, Op. 49, N.º 4” y fue publicada en 1868, pero para todos es la “Canción de cuna” con que nos enviaron -y enviamos- a los niños a dormir.
Nos dice la historia que Johannes Brahms compuso esta obra en 1868 como un regalo para su gran amiga Bertha Faber, con motivo del nacimiento de su segundo hijo. Sin embargo, los unía un lazo mucho más profundo: años atrás, en Hamburgo, el compositor se había enamorado perdidamente de ella. Aunque el romance no prosperó y Bertha terminó casándose con un industrial vienés, la amistad y el afecto sobrevivieron al tiempo.
Ahora bien, en realidad, en la estructura de la pieza había escondida una contramelodía oculta, una vieja canción popular vienesa que Bertha solía cantarle a él cuando caminaban juntos en los días de su juventud.
Brahms le envió la partitura con una nota sutil que decía: «Ella te cantará una canción de cuna mientras que, por debajo, se te cantará una canción de amor». Era su forma de estar presente en la cuna de ese niño, recordándole a su antigua musa el lazo que alguna vez los unió.
La gala de estreno de la obra ocurrió en Viena, el 22 de diciembre de 1869, en un concierto histórico y fue interpretada por la soprano Louise Dustmann y al piano estuvo nada menos que Clara Schumann, el otro gran y eterno amor platónico de la vida de Brahms.
Como dato curioso de la historia, la melodía caló tan hondo en el propio Brahms que, años más tarde (en 1877), la utilizó sutilmente como el segundo tema del primer movimiento de su maravillosa Segunda Sinfonía. –
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