¿Qué significa ser una provincia del norte argentino cuando el Pacífico adquiere más peso que el Atlántico?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

En ocasiones me pregunto ¿Qué estamos haciendo con la política? Observo discusiones tan bizantinas, con cuestiones que ya están prácticamente perimidas frente a un Nuevo Orden Mundial que ya comenzó a marchar. Por eso, creo que hoy un gobierno nacional que reivindica a la derecha como una panacea y continúa empeñado en una cruzada contra una izquierda que tiene más de nihilista que de realismo político, no nos llevará a ninguna parte.

Hay una frase, atribuida a José Ortega y Gasset, que nunca perdió vigencia: «Ser de derecha o de izquierda es una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil.» Hoy, hay que elegir un liberalismo pleno pero humanizado, porque toda idea dentro de categorías que nacieron para explicar un mundo que ya no existe, tampoco sirve para nada.

En la Argentina seguimos preguntándonos si un gobierno es de derecha o de izquierda. Discutimos modelos económicos, liderazgos, consignas y eslóganes como si el calendario se hubiera detenido en la Guerra Fría. Sin embargo, mientras nosotros seguimos librando batallas ideológicas del siglo pasado, el resto del mundo está disputando otra guerra, mucho más silenciosa y mucho más trascendente.

La verdadera competencia ya no se libra entre capitalismo y socialismo. Se libra por el dominio de la inteligencia artificial, de los semiconductores, de las tierras raras, de la energía, del agua, de los alimentos y de las rutas comerciales que unirán los grandes mercados del planeta.

El eje del poder comienza a desplazarse.

Durante más de quinientos años el Atlántico fue el gran escenario de la historia occidental. Desde allí partieron las expediciones que redibujaron el mapa del mundo; alrededor de ese océano crecieron los grandes imperios, las finanzas internacionales y buena parte del comercio global. Pero el siglo XXI parece insinuar otro movimiento. El dinamismo económico se desplaza hacia el eje Asia-Pacífico. China ya no es únicamente la fábrica del mundo; India emerge como una potencia tecnológica y demográfica; el sudeste asiático concentra algunos de los mercados más dinámicos del planeta.

No significa que Occidente desaparezca ni que el inglés deje de ser mañana el idioma de los negocios. Significa algo mucho más profundo: que el centro de gravedad del mundo comienza a correrse hacia el Pacífico.

Y entonces aparece una pregunta que en Salta casi nadie formula: ¿Qué significa ser una provincia del norte argentino cuando el Pacífico adquiere más peso que el Atlántico?

La respuesta debería modificar nuestra manera de planificar el futuro, porque quizás haya llegado el momento de comprender que una ruta internacional ya no es solamente una obra vial. Que un paso fronterizo ya no constituye únicamente un asunto diplomático. Que el corredor bioceánico no representa una promesa electoral sino una decisión estratégica sobre el lugar que ocupará Salta en el nuevo mapa del comercio mundial.

Mientras seguimos mirando obsesivamente hacia Buenos Aires, el mundo comienza a mirar hacia el oeste.

Nuestra posición geográfica, tantas veces considerada una desventaja, podría convertirse en una oportunidad extraordinaria si dejamos de pensar como periferia y empezamos a pensar como puerta de entrada al Pacífico. El norte argentino ya no debería concebirse como el extremo olvidado de un país atlántico, sino como una región con posibilidades concretas de integrarse a una nueva geografía económica.

Seguimos discutiendo el próximo fin de semana cuando deberíamos debatir los próximos treinta años. Seguimos preguntándonos quién ganará la próxima elección sin preguntarnos qué lugar ocupará Salta cuando el nuevo orden internacional termine de consolidarse.

Las etiquetas políticas seguirán existiendo. Seguramente continuaremos hablando de izquierdas y derechas porque forman parte del lenguaje de la democracia. El problema aparece cuando esas categorías nos impiden ver los cambios profundos de la historia.

Las sociedades que prosperan no son necesariamente las que tienen más recursos. Son las que advierten antes que las demás hacia dónde se mueve el mundo. Tal vez esa sea la discusión que realmente nos debemos.

No si somos de derecha o de izquierda, sino si estamos preparados para pensar una Salta que deje de mirar únicamente hacia el Atlántico y comience, por fin, a descubrir el horizonte del Pacífico.

© – Ernesto Bisceglia

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