POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
A esta altura de los hechos las intenciones del gobierno nacional son meridianamente claras: están entregando el país de a trozos. Ya bien lo decía el Dr. Arturo Umberto Illia: “No le tengo miedo a los de afuera que nos quieren comprar sino los de adentro que nos quieren vender”. Entonces, hoy, un presidente que ha demostrado -y lo ha expresado- que la Bandera no le significa nada y se ha manejado con total desprecio por su población más sensible, no se puede esperar nada decente.
Menos todavía en cuanto se refiere a sentimientos nobles y supremos como son Dios y la Patria. Un hombre que se cree la reencarnación de Moisés y carece de sentimientos patrióticos es un paria. Y reclamo nuevamente que me indemnicen el voto.
Cuando han transcurrido cuarenta años desde los episodios de la Guerra de Malvinas en 1982, y a pesar de todas las políticas de silenciamiento que los sucesivos gobiernos implementaron, cuando comprobamos que todavía ese sentimiento arde al rescoldo de la conciencia de los argentinos, es porque esa Gesta ha marcado una impronta que ya forma parte del patrimonio nacional de la argentinidad.
En cierta oportunidad, le pregunté al presidente, Raúl Alfonsín: ¿Doctor, por qué trataron así a los veteranos y a la Causa Malvinas? El hombre -que fue lo último decente que tuvimos en presidente-, bajando la mirada me respondió: “Y…, no podía hacer otra cosa”. Ese diálogo se dio en el Concejo Deliberante de Salta en ocasión de una visita suya y todavía me pregunto qué quiso decir.
La osadía -magnífica, por cierto- de los jugadores de la Selección Nacional de Fútbol de instalar “urbi et orbi”, la reafirmación de que las Islas Malvinas son argentinas, va más allá del acto deportivo y se convierte en un verdadero acto patriótico, que la presidencia de la Nación debió haber aplaudido como lo hizo todo el pueblo argentino.
Por eso, conviene decir ahora para dejarlo claro. Aquí no hay “ex combatientes” sino Veteranos de Malvinas, porque aquellos que volvieron de las Islas jamás dejaron de combatir. Y tuvieron una doble guerra, la de enfrentar el fuego enemigo y la lucha durante décadas contra el olvido y el desagradecimiento de sus propios gobiernos. Han fallecido más Veteranos por suicidios y causas derivadas del estrés postraumático que los que cayeron en los campos malvinenses.
Pertenecemos a la generación que tuvo el honor inmenso de vestir el uniforme nacional en aquellos días. Sabemos cómo se siente la Patria y eso nos da el derecho de decirle públicamente a estos políticos de pacotilla que la dignidad nacional no se defiende sólo con la diplomacia sino con hechos y palabras oficiales. Pero nada se puede pedir a quien tiene en su despacho la foto de Margaret Tatcher, una criminal de guerra.
Hay momentos en que se escriben notas desde la pasión, donde se pierde el tono “políticamente correcto”, pero es necesario hacerlo y decirlo. Porque, en verdad pienso, que ya el resultado deportivo de la final del Mundial de Fútbol, es anecdótico. Cuánto mejor ganar el cuarto campeonato. Pero si acaso el resultado fuera adverso, como país, luego de haber derrotado en el campo a los ingleses y haberle recordado al mundo que son piratas con la afirmación de ese paño que mostraron los jugadores, la memoria de los caídos, el honor de los Veteranos y el sentimiento de todos los argentinos, está saldado. Ya el Mundial fue ganado.
La discusión y las disculpas internacionales quedan para los cobardes y los cipayos. –
