El PJ de Salta o una intervención veterinaria

POR: EVARISTO DEL CARRIL ANCHORENA UNZUÉ – (Ex Jefe de Redacción) – www.ernestobisceglia.com.ar

En verdad os digo, que en esta Salta de feudalismo a la criolla y obispos decadentes, uno no puede distraerse un sólo momento sin que lo alcance algún remezón. Hallábame en mis meditaciones sobre la “Imitación de Cristo” del Kempis en mi retiro cafayateño, cada vez más parecido aquello a un pueblo abandonado del Lejano Oeste, cuando me alcanza la noticia de que el PJ de Salta, ha sido intervenido ¡Otra vez!

Debo deciros, que esta mañana mientras saboreaba mi café negro en la taza de porcelana inglesa -porque servido en otra cosa el café es propio de vicio de administrativos-, mientras alisaba las solapas de mi saco de tweed, he leído esta noticia con una mezcla de lástima y deleite absoluto.

Lástima, porque compruebo que esa facción de argentinos en proceso de desarrollo cívico -los peronistas-, han ingresado en la fase superior de la zoología política: la del taxidermismo institucional.

Y deleite absoluto, porque el intento de ese sátrapa de Juan Manuel Urtubey, de usar el sello como una rampa de lanzamiento hacia el futuro ha sido frustrado en el último minuto del partido.

Esta noticia es una tragedia griega para el Juan Manuel, que ya se veía levitando sobre las masas peronistas en 2027, impecablemente peinado con sus rulos a lo “millenials”, usando al Partido Justicialista como trampolín de su eterno retorno, y ahora comprueba que como líder de su “Agrupación Mausoleo”, venía cabalgando en un caballo disecado.

Incluso, este Juan Manuel, hasta había logrado colocar a sus vasallos más arrastrados, como ese fósil conservado en salmuera política de Pablo Kosiner, como interventor del partido. Digno representante de la “Agrupación Mausoleo”, con su palidez taciturna que resultarían la envidia de Bela Lugosi, que llegara para chupar la última gota de sangre que le quedaba al aparato partidario. De hecho -nos cuentan los locales-, se dice que en las noches no caminaba por los pasillos de la Sede, sino que levitaba entre las sombras de las secretarías vacías.

¡Por los clavos de Cristo! ¡Persignaos y encomendad vuestra alma al Supremo ante tal aparición!

Así es; este “Bela” Kosiner, fue el aristócrata del naufragio. Quedará como un enigma saber si vino a normalizar padrones o a pedir que le retiren los espejos del despacho y le cierren las cortinas para que no entre el sol de la mañana salteña. Al final…, el resultado fue el mismo, terminó junto a su amo “U”, hecho polvo y cenizas.

Así es, la “Agrupación Mausoleo” ya es un verdadero cementerio político, y el Kosiner se pasea hoy entre las tumbas de las ambiciones frustradas de Urtubey.  

Si, pues, con esta intervención de la intervención, termina el tiempo de estos “muchachos de plastilina”, tan maleables a toda ocasión. La jueza Servini, les apagó la música en medio de la fiesta, les sacó las sillas y los dejó bailando el minué en el vacío. Ahora, os daréis cuenta que al final, el PJ salteño de Urtubey no era una plataforma de lanzamiento sino un bote de goma pinchado.

El teorema de la «Intervención de la Intervención»

Os diré, que cínico sería de mi parte no reconocer lo hilarante que se me ofrece esta situación; el ver a tanta gente de color desbaratándose por un sello para continuar hilvanando el sueño de un país inexistente para otra gente de color. Pero ¡qué va!, entre nosotros, las familias distinguidas y decentes, estas “internitas de burócratas” se definían en el campo del honor en alguna madrugada. Porque ahora, allí adentro, parece ya no existir conducción sino la degradación del «dedo» y la instalación de un consorcio de liquidación por quiebra.

¡Mirad, sino! El PJ local ha alcanzado el nirvana de la burocracia: estar intervenido judicialmente para salvarse de la intervención partidaria. Es una mamushka de desconfianza. Cristina, en su infinita generosidad divina, envió sus huestes para extirpar a los réprobos locales; pero la Justicia —siempre tan oportuna— descubrió que el remedio era tan trucho como la enfermedad. Hemos pasado del centralismo iluminado de Recoleta al sálvese quien pueda de los tribunales.

La intervención ordenada desde el cristinismo posee la elegancia de las viejas purgas bizantinas y la delicadeza de un remate judicial. Los interventores anteriores -un tal Berni, apellido con tufillo a inmigración polizonte- que habían ocupado el partido como administradores de una herencia ajena para preparar el regreso de Juan Manuel Urtubey al escenario 2027, fueron desalojados con la misma ceremonia con que se reemplaza al personal doméstico en una familia aristocrática arruinada: sin escándalo, pero sin misericordia.

¡Adelante radicales!

Sin embargo, el detalle más fino y sutil de todo este sainete, el más sublime de esta operación reside en que el nuevo custodio del peronismo sea un ex radical. Es decir, el viejo movimiento nacional y popular ha terminado siendo administrado por un tercero externo, como esas familias patricias que terminan entregando la estancia al contador porque los herederos sólo saben dilapidar cubiertos de plata.

El peronismo, que alguna vez fue una liturgia de masas, hoy parece una franquicia en concurso preventivo.

En Salta ya no se afilian militantes: se tercerizan sellos, se alquilan siglas y se subastan nostalgias. ¡Voto a don Hipólito Yrigoyen!

¡Pero cuidado!, os digo que la misma suerte debería correr la Unión Cívica Radical, demolida hasta sus cimientos por un psicópata como ese Miguel Nanni.

¡Sea intervenido también el radicalismo salteño! ¡Y propongo como su interventor a un veterano de estas lides como el insigne, Marcelo López Arias!

Y allí aparecen los personajes secundarios de esta comedia provinciana: dirigentes que ayer juraban lealtad eterna a Urtubey, antes a Romero, antes al kirchnerismo, antes al menemismo y probablemente mañana a una cooperativa de fabricantes de alpargatas (¡Nunca de libros!) si ésta midiera bien en encuestas. La ideología en Salta ha pasado a ser un servicio de alquiler temporario.

Pienso, con toda honestidad que la intervención, en el fondo, no expresa fortaleza sino desesperación. Cuando un partido necesita ser intervenido una y otra vez, ya no estamos ante una fuerza política sino ante un geriátrico electoral donde los médicos discuten quién firma el certificado de defunción.

Y mientras tanto, el ciudadano común observa la escena con el mismo interés antropológico con que un turista inglés del siglo XIX contemplaba rituales tribales en las colonias: fascinado por el colorido, pero perfectamente consciente de que aquello ya no gobierna el destino de nadie.

Ahora, perdonadme, pero tras esta digresión, continuaré en esta soleada y fría mañana de Cafayate, meditando el “Roman de Renart” (Que el vulgo tal vez conozca como “El Romance de Fox”), ese clásico del siglo XII. Una sátira animal maravillosa donde Renart, el zorro, engaña constantemente a Isengrin, el lobo (que bien le cabe a Urtubey, hoy en estado de óbito), siempre cayendo en la trampa y creyendo que va a recuperar el control del bosque. –

NR: La Dirección de este Sitio, no necesariamente comparte las opiniones del columnista que se expresa con toda Libertad.

También podés leer:

Del puente de Aviñón al de Vaqueros: Una ronda de ninfas libertarias y sátiros de la caja pública – Ernesto Bisceglia – Editorial

La «Agrupación Fantasma» en diputados y su lógica libertaria en Salta: “Robamos, pero poquito” – Ernesto Bisceglia – Editorial

Oda patriótica al noble burro argentino – Ernesto Bisceglia – Editorial