POR: ANA CECILIA BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Vivimos tiempos complejos para el turismo. Los indicadores que se conocen generan preocupación, los empresarios hacen enormes esfuerzos para sostener sus negocios y, en muchas ocasiones, las noticias parecen conducirnos más al desánimo que a la búsqueda de soluciones. Es lógico que, frente a ese escenario, aparezcan la incertidumbre y el temor. Sin embargo, también es en estos momentos cuando más necesitamos fortalecer una herramienta que muchas veces incomoda, pero que resulta indispensable para crecer: la información.
Hay algo que considero fundamental y que nunca deberíamos perder de vista: la realidad no cambia por dejar de mirarla. Al contrario, comienza a transformarse cuando somos capaces de medirla, comprenderla y asumirla con la madurez suficiente para tomar decisiones. Por eso, deberíamos coincidir en una idea básica: los datos no son enemigos de la gestión, son uno de sus principales aliados.
Con frecuencia los indicadores son utilizados para señalar responsabilidades o alimentar discusiones que poco aportan a la construcción de soluciones. Sin embargo, esa no debería ser su función. Los datos existen para ayudarnos a comprender qué está ocurriendo, dónde estamos parados y cuáles son los aspectos que necesitan atención. Son el punto de partida para cualquier planificación seria, porque permiten dejar de lado las percepciones individuales y comenzar a trabajar sobre una realidad compartida.
Cuando conocemos la ocupación hotelera, el gasto promedio de los visitantes, la permanencia, los mercados que crecen, los que disminuyen y los hábitos de consumo de quienes nos visitan, dejamos de actuar por intuición y empezamos a gestionar con mayor precisión. Esa diferencia puede parecer pequeña, pero cambia completamente la forma de planificar una temporada, diseñar una campaña de promoción o decidir dónde invertir los recursos disponibles.
Es natural que exista la tentación de comunicar únicamente aquello que funciona bien. Todos queremos transmitir optimismo, fortalecer la imagen de un destino y generar confianza. Sin embargo, el verdadero crecimiento no surge de ocultar las dificultades, sino de reconocerlas con honestidad para convertirlas en oportunidades de mejora. Ningún destino turístico puede evolucionar si construye sus estrategias sobre información parcial o sobre diagnósticos que no reflejan la realidad.
Y, curiosamente, el propio turismo nos enseña esa lección. Hoy los viajeros ya no buscan destinos perfectos; buscan destinos auténticos. Valoran la cultura local, las historias de su gente, la gastronomía, los paisajes y aquellas experiencias que transmiten identidad. Buscan lugares que sean genuinos, porque allí encuentran aquello que no puede copiarse ni improvisarse.
Quizás la gestión también deba inspirarse en esa misma lógica. Así como un destino enamora cuando muestra su verdadera identidad, una gestión genera confianza cuando es capaz de mostrar su realidad con transparencia, celebrar aquello que funciona y, al mismo tiempo, reconocer aquello que todavía necesita mejorar. Esa honestidad no debilita una gestión; por el contrario, le da credibilidad y le permite construir políticas con bases mucho más sólidas.
Reconocer una dificultad no significa resignarse a convivir con ella. Significa comprenderla para poder transformarla. Cada dato correctamente analizado representa una oportunidad para tomar una mejor decisión. Cada diagnóstico honesto permite orientar mejor los recursos, priorizar acciones y construir soluciones que respondan a las necesidades reales del sector.
Por eso creo que el turismo necesita seguir soñando, pero también necesita seguir midiendo. Los sueños son los que nos permiten imaginar el destino que queremos construir; los datos son los que nos muestran el punto exacto desde el cual debemos comenzar ese camino. Una cosa sin la otra termina siendo insuficiente.
Estoy convencida de que Salta tiene todo para seguir creciendo. Tiene recursos naturales extraordinarios, una identidad cultural que la distingue, una gastronomía cada vez más reconocida y un sector privado que, incluso en contextos difíciles, continúa apostando por la actividad. Justamente por eso, hoy más que nunca necesitamos trabajar sobre información real, porque solo con diagnósticos honestos podremos construir estrategias capaces de sostener ese crecimiento en el tiempo.
La esperanza no nace de negar la realidad ni de maquillar los números. Nace de tener el coraje de conocerlos, comprenderlos y utilizarlos para mejorar. Porque, al igual que ocurre con el turismo, la autenticidad también genera confianza. Y esa confianza es, probablemente, el primer paso para volver a crecer.
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