¿Quién dijo que el próximo gobernador será humano?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

En las paredes de París, durante el Mayo Francés (1968), se escribió “La imaginación al poder”. La frase, en el fondo, entrañaba una aspiración de libertad para sacudirse las viejas estructuras de poder. Resulta que hoy -2026-, la imaginación ya sido desbordada por una realidad (que hasta puede ser cuántica), cuando la propia inteligencia que es el disparador de la imaginación en el cerebro, ahora se está liberando del cerebro mismo.

Aquella película “Volver al Futuro” es un yuyo al lado de lo que la Inteligencia Artificial le está proponiendo al mundo donde en cualquier momento estaremos “Viajando hacia el pasado”. La movida de los estudiantes franceses que casi le cuesta el gobierno a Charles de Gaulle, nada menos, pretendía democratizar el poder desde la sociedad. Hoy, la IA, nos está desafiando con quitarnos el poder y esclavizar a la sociedad. Paradójicamente, superando a toda imaginación posible.

Surge entonces una primera pregunta; si el poder fuera arrebatado por la IA ¿Ya no habrá elecciones? Porque el resultado estaría en manos de una máquina por anticipado.

La cuestión es que hasta hace poco la pregunta era quién iba a ganar las próximas elecciones. Hoy la pregunta empieza a ser otra: ¿quién va a tomar realmente las decisiones?

Porque gobernar nunca consistió solamente en ocupar un despacho. Gobernar significa procesar información, administrar recursos, anticipar problemas, asignar prioridades y tomar decisiones bajo incertidumbre; todas tareas estas que la Inteligencia Artificial está comenzando a “tomar en sus manos” superando a los seres humanos.

Año del Señor de 2030

¿Será correcto continuar invocando aquella frase “Año del Señor”? Porque como viene el mundo el tiempo ya no será de Dios sino de los algoritmos. No hace falta imaginar un Terminator sentado en el sillón de gobierno. El proceso será mucho más silencioso. Los funcionarios seguirán firmando decretos, dando conferencias de prensa y cortando cintas inaugurales. Pero cada vez más decisiones serán sugeridas por esos algoritmos.

¿Hará falta una reunión de gabinete para decidir dónde construir una escuela? ¿Harán falta escuelas? ¿Tendrá un ministro de Salud que consultar qué barrio necesita una ambulancia? O ¿Cuál será el próximo foco de dengue? ¿Qué ruta conviene reparar primero? ¿Dónde enviar más policías? ¿Cómo distribuir el presupuesto?  

Y entonces aparece otra pregunta incómoda. Si una inteligencia artificial toma mejores decisiones que un ministro… ¿para qué sirve el ministro?

Si todo, absolutamente todo, puede discernirlo y mandar a ejecutarlo un ordenador conectado a la IA.

Si un algoritmo administra mejor el tránsito, el agua, la salud o la energía… ¿seguiremos votando personas para hacer aquello que una máquina realiza con mayor precisión? El sueño húmedo de un libertario: “sin casta, sin déficit”… sin cerebro humano…

Lo más grave de este asunto es que no estamos escribiendo bajo el efecto de ningún barbitúrico o sustancia alucinógena. Tampoco somos la reencarnación de Julio Verne ni hemos sido abducidos por un OVNI que nos ha inoculado la ciencia infusa.

Lamentablemente, no estamos hablando de ciencia ficción. Estamos hablando del comienzo de una era donde donde habrá una nueva forma de ejercer el poder.

Durante siglos el poder perteneció a quien controlaba la tierra. Después pasó a quien controlaba el dinero. Más tarde a quien dominaba la información. Ahora comienza a pertenecer a quien controla los algoritmos.

Al ritmo vertiginoso que va el mundo, no es para nada desatinado pensar que el próximo gobernador quizá siga siendo una persona de carne y hueso. Sonreirá en las campañas, abrazará niños y recorrerá pueblos, pero detrás de él podría existir una inteligencia artificial capaz de conocer mejor la provincia que cualquier gabinete completo.

Paradójicamente, el debate político argentino continúa discutiendo cargos, listas y alianzas, mientras el verdadero cambio ya empezó. Ya estamos recorriendo el camino de una revolución cognitiva.

Lo paradójico es que el nuevo poder no tiene rostro, porque llegará el día en que veamos que el gobernador sigue siendo humano… pero el gobierno ya no. Tal vez, para entonces hayamos pasado de la democracia a la “algocracia”, que no será el gobierno de las máquinas sino el gobierno de quien controla a las máquinas.

© – Ernesto Bisceglia

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