16 de Junio de 1955, cuando el fanatismo de la derecha católica asesinó argentinos

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Este país tuvo durante el siglo XX en materia política un cóctel que resultó siempre muy peligroso para los ciudadanos. Cada vez que se mezcló el fanatismo de una facción política con su par católico, siempre el resultado fue el mismo: muertos y la entrega del país.

Es un dato que duele aceptar, pero no es relato histórico sino una lacerante realidad que nos expone la historia. En realidad, no importa mucho contra quien iban los fanáticos: en 1930 fue contra Hipólito Yrigoyen, en aquel junio de 1955, contra Juan Domingo Perón, pero siempre, fue en definitiva contra el pueblo.

Aquella mañana de junio del ‘55, había público concentrado en la Plaza de Mayo esperando ver una exhibición aérea ¡Y vaya si la hubo! Los aviones Gloster Meteor de la Marina argentina hicieron sus vuelos rasantes descargando sus bombas sobre la Casa Rosada con el objetivo de matar a Perón. A los años, y leyendo la historia desde la objetividad que otorga el tiempo y sin ningún tipo de pasión peronista (felizmente), hay que concluir que la derecha y la ultraderecha en el este país siempre se persignaron antes de salir a matar compatriotas.

Los aviones pilotados por aquellos criminales lucían una frase propia de tiempos de las Cruzadas: “Cristo vence”, un delirio mesiánico, desproporcionado; una desconexión moral que denuncia la comunión entre el dogma religioso y el terrorismo de Estado. Siempre la misma ambición nihilista de apropiarse de la fe popular y de la propia figura del Mesías para asesinar en su nombre. No faltó el tonsurado que incluso bendijo aquellas máquinas.

Aquel hecho pasa prácticamente desapercibido para los argentinos actuales, ocupados -y preocupados- por tener que lidiar con otro tipo de fanatismo, esta vez puramente laico, pero transido también de un mesianismo judío que lleva al presidente a sentirse un “enviado” de vaya a saber qué Dios. Bueno…, seguramente es aquel del Pentateuco mosaico, cuando Dios ordenaba a sus “elegidos” masacar a todo el que alimentara su misma fe.

Cuando la política se traslada al plano de la «guerra santa», desaparece la categoría de ciudadano o competidor electoral y emerge la del «infiel» o el «hereje», con quien no se debate, se lo elimina

Como sea, la cuestión es que todavía no logramos descifrar cuál es la enfermedad ideológica de fondo que padecemos desde las primeras horas de la Patria que señala que no hay adversarios sino enemigos y el mejor de ellos es el enemigo muerto.

Será quizás que somos un país muy joven, que todavía no ha depurado los genes bárbaros de sus orígenes ancestrales. O que muy recientemente ha comenzado a liberarse del yugo dogmático. O que no comprendió todavía que desde Jesucristo no hubo aún sobre la Tierra ningún otro tipo de enviado y que las únicas “Fuerzas del Cielo” que pueden bajar ahora son los alinenígenas.

Tal vez, cuando comprendamos que las sociedades crecen sólo en la tolerancia y en el disenso de las opiniones, logremos enderezar un rumbo que nos permita no ruborizarnos por haber protagonizado hechos tan bochornosos como aquel de junio de 1955…, o de haber vuelto a caer en la tentación de votar otra vez un mesianismo perdido. –

© – Ernesto Bisceglia

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