Éramos pocos y parió la abuela: ¿Vino el Anticristo a vivir en la Argentina?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Por si cosas extrañas no pasaran en la Argentina donde el presidente de la Nación consulta problemas de estado con el espíritu de un perro muerto y se habla de ceremonias esotéricas en los despachos de la Casa Rosada y la Quinta de Olivos, mientras se invoca a las Fuerzas del Cielo, ahora el fundador de Palantir Technologies -Peter Thiel– acaba de comprar una mansión en Barrio Parque (Buenos Aires) para vivir con su marido y sus dos hijas.

Peter Thiel, es algo más que un megamillonario tecnológico, es uno  los cerebros más complejos, oscuros y brillantes de Silicon Valley. Es un ideólogo de peso, un libertario radical (o más bien un «neoreaccionario») que ha dejado por escrito que «la libertad y la democracia ya no son compatibles». Si unimos el sentido de esa frase a la estrecha relación que este hombre mantiene con Javier Milei, podríamos aventurarnos a decir que estamos en problemas.

Es lo que podríamos llamar el demiurgo del nuevo tiempo -¿un tiempo final, tal vez?-; como fundador de Palantir Technologies, una empresa de análisis de datos hipersecreta que provee software de espionaje e inteligencia al Pentágono, la CIA y las fuerzas de inmigración de EE. UU., es el ojo que todo lo ve. La encarnación propiamente dicha de aquello descrito en “1984”, de George Orwell.

Es conocido como un destructor de medios de comunicación, pero el rasgo más interesante -e inquietante- de este individuo es su obsesión por buscar la inmortalidad y el transhumanismo, habiendo financiado investigaciones que buscan ganarle a la muerte. Esa megalomanía -dicen- incluiría aquella  polémica leyenda urbana de las transfusiones de sangre de jóvenes, el parabiosis).

De alguna manera, Thiel, vendría siendo la encarnación de la célebre condesa húngara Élisabeth Báthory (o Erzsébet Báthory, en su versión húngara), llevada al cine y la literatura como «La Condesa Sangrienta», pues en su obsesión por mantener la juventud y la belleza eterna, secuestraba a jóvenes sirvientas y campesinas para torturarlas, asesinarlas y, según el mito popular, bañarse y beber su sangre.

Quien profundice la lectura sobre los antecedentes de Peter Thiel, comprobará que el paralelismo con la condesa Báthory, no es exagerado, ya que es un hombre determinado a desafiar las leyes divinas.

¿Por qué eligió la Argentina?

Thiel no busca playas caribeñas para evadir impuestos ni las bellezas naturales de los lagos patagónicos; busca laboratorios sociales. Su llegada al país se explica por su propia filosofía política anarcocapitalista.

Fue uno de los primeros en teorizar sobre el fin del Estado-nación, nacido con la Revolución Francesa y que le dio forma a los estados modernos cuya savia existencial es la democracia y la participación ciudadana. Las palabras de Javier Milei: “Soy el topo que viene a destruir el Estado desde dentro”, fueron para Thiel como la miel para el oso. La posibilidad de hacer de Argentina el laboratorio de las ideas de la Escuela Austríaca, donde los argentinos somos los cobayos.

La idea madre de Thiel, es la creación de zonas libres y «Seasteading»; es decir, islas artificiales flotantes fuera de la jurisdicción de cualquier país para vivir sin leyes ni impuestos. La Argentina de hoy, con su desregulación absoluta, le ofrece una «isla ideológica» pero con la ventaja de tener carne, buen vino, territorio firme y súbditos a poco valor de salario.

La obsesión del fin del mundo

Este personaje es un obsesivo de los tiempos finales. Con estudios sobre teología, es un investigador de la figura del Anticristo. Previendo un colapso nuclear mundial ha comprado tierras en Nueva Zelanda y ahora Argentina, que por geografía, recursos y aislamiento de los grandes conflictos bélicos del norte, es el «búnker» perfecto para los milmillonarios del colapso.

El arquitecto de un Nuevo Orden

Las profecías enseñan que el Anticristo no será un ser horrendo, con cuernos y un tridente que surgirá desde las profundidades, sino un líder mundial apacible, que se ganará la admiración de todos y administrará un gobierno mundial. Conviene aclara que Thiel, no se piensa un Moisés como Milei, sino que viene a buscar un sitio donde colocar la piedra fundacional del capitalismo futuro y deshumanizado.

Con los laboratorios en marcha y los cobayos ya resignados, el búnker del fin del mundo ha quedado oficialmente inaugurado. Si el Anticristo realmente camina entre nosotros, la Argentina le ha tendido la alfombra roja. Que Dios nos pille confesados.

© – Ernesto Bisceglia

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