La ciudadanía quedó sola en Plaza de Mayo

POR: Lic. RODOLFO CEBALLOS – www.ernestobisceglia.com.ar

Los movimientos sociales, los partidos políticos y los sindicatos ya no convocan a la calle. Hay orfandad representativa. Los que se expresan masivamente por una idea o un repudio, lo hacen bajo su propia iniciativa, con pasiones tristes que les acompañan por viejos y nuevos petitorios.

La representación de los sectores mayoritarios en Argentina se encuentra en una profunda crisis: sin dirigencia creíble, sin proyecto político a largo plazo (falta el programa económico a corto plazo), con un mercado laboral reducido al máximo y autoconvocados para sus grandes quejas.

En los últimos 60 días, en la caja de resonancia pública del país, la Plaza de Mayo, fue notoria la ausencia de representación política. La multitud salió a manifestar sus motivaciones musicales, religiosas, educativas y a favor de minorías pero con otros liderazgos. No justamente los políticos.

La dirigencia no estuvo a la cabeza de esas movilizaciones. Al contrario, fue desplazada de la Plaza de Mayo, cuando ese era su territorio urbano en la disputa por el poder político en Argentina.

En la coyuntura, los convocantes a las grandes marchas fueron las consignas de género (el Nunca Más), un recordatorio musical al Papa Francisco, el fallecimiento del Indio Solari y la sonora demanda presupuestaria para la educación universitaria. Más de 2 millones de personas estuvieron en la Plaza de Mayo. Reflejaron la centralidad del lugar como espacio de duelo, homenaje y lucha política en Argentina. 

El sacerdote jesuita y politólogo, Rodrigo Zarazaga, especialista en la comprensión de los sectores populares explicó -recientemente en un encuentro académico- que la falta de representación política se debe a la combinación de desigualdad estructural, segregación territorial y ruptura de la narrativa histórica de la movilidad social.

A Zarazaga le faltó enfatizar otro factor preponderante en la crisis de representación: la corrupción de algunos políticos, visualizada en todas las encuestas como la primera preocupación de la sociedad junto a la insufrible caída del ingreso familiar. La corrupción está considerada en los sondeos como endémica y transversal en todo el Estado.

Los más necesitados de una agenda social perentoria han quedado solos frente al poder de turno. Hoy pagan las consecuencias de ese abandono los partidos políticos por la tremenda insatisfacción que le tienen los ciudadanos a la partidocracia que funcionó relativamente hasta el siglo pasado. La consideran autora de conducir el clientelismo y la falta de prácticas democráticas institucionalistas.

El estilo de liderar de los partidos políticos devino en una seudorepresentación participativa y democrática, lo que tejió redes de simulación a los cuidados ciudadanos y marcó la fuerte dependencia de punteros. Una amarga conclusión de millones de ciudadanos huérfanos de verdaderos intépretes.

Las promesas incumplidas que hizo la partidocracia son el combustible de la antipolítica que se vota en Argentina. Hasta nuevo aviso, son otros los actores que convocan en la Plaza de Mayo. Eso demuestra que la dirigencia renunció a sus bases y profundizó la idea de que con la política -tal como está- el país no ofrece ninguna movilización social ascendente.

La ausencia de los partidos políticos convertidos en meros sujetos electoralistas y formales estructuras en sus cartas dogmáticas y de principios, destruyó la esperanza de una vida con bienestar. Resuena así, en cada movilización en la Plaza de Mayo,el silencio deliberado y persistente de los partidos y sindicatos, habituales instituciones que ponían la voz a los ciudadanos. La política vive en estado de mudez.

Las plataformas digitales permiten que minorías activas (foristas, usuarios organizados) definan y lideren la agenda pública.Los ciudadanos encuentran allí un espacio para expresar demandas concretas —educación, género, cultura, religión,etc.— que la política tradicional ya no atiende. Esto genera la percepción de que las redes representan al ciudadano mejor que los partidos, porque canalizan la inquietud de manera inmediata y sin mediaciones clientelares.

La mayoría observa con estoicismo cómo la democracia representativa, gestionada obligadamente por mandato constitucional solo por los partidos políticos, quedó hecha hilachas luego que la captó la demagogia política.

Lo que más llega a la ciudadanía son los indicadores de pobreza estructural, la inflación (de dos dígitos anuales) con recesión, la falta de empleo decente, el deterioro educativo que fustra la oportunidad del ascenso social y la carencia de ejemplaridad ética en la función pública. Juntas estas variables, configuran un escenario de fragilidad humana, donde la democracia representativa enfrenta dificultades para terminar con la fragmentación social, ilusionar de nuevo por la política y responder a la parte de la sociedad más pesimista, a la que expresa el “Todos los políticos son iguales”.

Los partidos políticos no responden de acuerdo a lo que deberáin ser: necesarios en el sistema democrático para recuperar la urgente representación política perdida.

Siguen sin zafar de la desconexión social, lejos de sus bases; ocupados en hacer facciones y simulaciones de que “la gente importa”. Construyen coaliciones inestables con liderazgos que disputan poder sin construir proyectos de largo plazo y están, sin solución de continuidad, relamiendo su propia crisis de legitimidad.

La sociedad los critica como los símbolos de la decadencia del sistema por los privilegios de que gozan, y porque son los dueños de las grandes maquinarias electorales.

Por la crisis de la representación de la partidocracia, la política no puede recuperar aún la credibilidad de que es transparante, republicana en la rendición de cuentas e inteligente en la planificación de programas realistas. Existe una política impotente para hacer consensos.

En las democracias liberales, el mejor consenso es el que logra aunar fuerzas en torno de una agenda social básica con prioridades compartidas. Caso contrario, los votantes dejarán de golpear las puertas de los partidos políticos y se autoconvocarán en nombre de la inclusión social. Hace mucho que lo vienen haciendo. Es por eso que, sin representación democrática, deciden marchar en soledad a la Plaza de Mayo. Es la Argentina de la catatonía de los partidos políticos.