La Casa Rosada convertida en Cumbia Villera: Allí están ahora las “Damas Gratis” y los “Pibes Chorros”

POR: EVARISTO DEL CARRIL ANCHORENA UNZUÉ – (Desde la clandestinidad) – www.ernestobisceglia.com.ar

En verdad os digo, desde esta clandestinidad cafayateña,  que se me avinagra El Amauta que intento saborear mientras repaso esta edición de Tácito, cuando observo de qué manera esos santos lugares de la civilidad hoy son asaltados por una turba de maniqueos irredentos, todos miembros de esa logia cirenaica comandada por un esbirro del mismísimo Asmodeo infernal.

Debo advertiros que el Amauta avinagrado produce en mi persona curiosos efectos secundarios: comienzo leyendo a Cicerón y termino comparando la actualidad política con una invasión de babuinos en celo a la Biblioteca de Alejandría.

Os confieso, que se produce una severa inflamación de la glándula pineal, acompañada de espasmos en la dignidad republicana y una alarmante dilatación del asombro cívico cuando compruebo que nuestra Patria ha caído en las manos de los lujuriosos del poder y del dinero.

Porque me tomé media botella y vi diputados donde antes sólo había personas.

¡Ah, si…, mirad nada más ese Congreso Nacional donde ciertas sesiones deliberativas poseen la capacidad de hacer añorar la compañía de Lucifer por considerarla intelectualmente más estimulante.

Esta caterva de marranos pero al revés, nos ha llenado las bancas con mujeres ligeras de cascos y bravucones de poca monta intelectual.

¡Y la Rosada! Otrora el émulo laico del Templo de Salomón, hoy “okupada” por faranduleros, perdularios y falseadores tributarios. ¡Julio Argentino Roca, venid en pos de nuestra salvación cívica! ¡Vos que hiciste de este país una de las potencias decimonónicas! No oigas a esos troskos malolientes que os vociferan por cambiado entes pediculósicos por habitantes con fisonomía humana. ¡Volved, pues, porque estos mazorqueros de los débiles y ancianos nos devolverán a los tiempos en que disputábamos las cavernas con el Carnotaurus sastrei.

Incluso más, sean mis respetos para ese formidable depredador que supo recorrer estas tierras millones de años atrás, porque ese animal prehistórico exhibía una conducta considerablemente más previsible que ese filibustero del erario a quien llaman presidente. ¡Ved nomás a su lado nada más que truhanes fiscales y prebostes del saqueo republicano.

¿Estos eran los que venían a traer la “moral como política de Estado”?

Bien decían los epicúreos que todo es según el color del cristal con que se mira; pues, mientras el forajido ese de la melena de carpincho electrocutado llama en plena Asamblea Legislativa a los tributarios de la hiena del balcón “Chorros”; él mismo aplica la “omertá” al modelo de los hampones para proteger a ese mercader de influencias y otras mercancías de dudosa procedencia moral que funge nada menos que como jefe de gabinete.

¡Nada mejor se puede esperar de una banda de facinerosos presupuestarios y desalmados sociales que no sea el desmenuzo de la Patria en beneficio de sus mandantes foráneos!

¡Oh, Mores o tempus! Volvería a vociferar Marco Tulio Cicerón, ante la visión dantesca de un Recinto legislativo donde voces egregias denunciaron en las épocas en que las clases distinguidas conducían este país los contubernios con la carne y la instalación de bases extranjeras! ¡Si, recuerdo al insigne Alfredo Palacios, destapando la entrega de territorios continentales! ¡Y Lisandro de la Torre, demandando a “Julito” Roca por la entrega de los frigoríficos!

Hoy, vemos ese sacro Recinto mancillado por vedetongas en retiro que afirman que había “56 millones de pobres al asumir el tilingo de los pelos como nido de chimango abandonado! ¡Había más pobres que habitantes! O la otra disecada neuronal que habla de la “nenecha”, que sabrá Dios qué es eso, tal vez algún admíniculo orgásmico que es la única función neuronal para la cual parece habilitada. No digamos de alguna otra que intentara ingresar diez kilos de sustancia a los Estados Unidos, de ese calvo que prometía fusilamientos mientras sufragaba su campaña con dineros pasados por el lavarropas con jabón “El Zorro”, el “que lava más blanco”.

Hemos tenido los peores maleficios que una República puede padecer en el gobierno ¡Hasta peronistas!, pero jamás podíamos imaginar que este gran país sería conducido por cuatro canes muertos. ¡Más nos valiera la caída del asteroide “Apofis” antes de que este lumpenaje contra natura continúe decidiendo el destino de los argentinos.

Si hasta Calígula y su caballo “Incitatus” sentados en la Casa Rosada, darían un espectáculo más decente y de mayor calibre intelectual.

El gobierno de la República convertido en una burda bailanta, a cuyo lado un “quilombo de negros libertos” es un lugar más decente. ¡Pobre Discépolo que se quedó corto, porque los “inmorales nos han igualao”, decía! ¡No, los amorales nos han superao!

Y así, compatriotas exhaustos por el espectáculo, hemos arribado a una época en la cual los facinerosos son presentados como estadistas, los truhanes como reformadores y los mercaderes del interés propio como apóstoles de la virtud pública.

No me sorprendería que cualquier mañana apareciera el mismo Belcebú en el balcón de la Casa Rosada reclamando por la degradación de las costumbres y exigiendo un mínimo de decoro institucional.

Porque cuando los demonios comienzan a parecer más respetables que los gobernantes, no estamos ante una crisis política. Estamos ante un problema teológico.

Y en tales circunstancias, sólo resta encomendar la República a la Divina Providencia, cerrar las ventanas para que no entren más iluminados y esconder la cubertería de plata.

Hoy la sagrada cosa pública ha sido reemplazada por la cosa púbica. –

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