POR: ANA CECILIA BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
La presentación de la temporada de invierno dejó algo muy claro: Salta sigue siendo una de las provincias con mayor diversidad turística del país. Paisajes, gastronomía, cultura, artesanías, pueblos turísticos, experiencias vinculadas al vino, al patrimonio, a la naturaleza y a la identidad regional. La oferta es amplia, diversa y difícil de igualar. Y eso, sin dudas, representa una enorme fortaleza para la provincia.
Sin embargo, al observar el lanzamiento surge una pregunta que va más allá de los atractivos que se mostraron: ¿Cuál es la estrategia que une todo eso?
Porque una cosa es mostrar recursos y otra muy distinta es construir una propuesta turística integrada.
Durante la presentación aparecieron municipios, experiencias gastronómicas, atractivos emblemáticos, cultura, naturaleza y conectividad. Todo eso es valioso y forma parte del enorme potencial que tiene Salta como destino. Sin embargo, también quedó la sensación de que seguimos mostrando muchos elementos por separado, sin que termine de visualizarse con claridad cuál es la experiencia integral que queremos ofrecer al visitante una vez que llega a la provincia.
Y esa diferencia no es menor.
Porque el turista actual ya no elige un destino únicamente por sus atractivos. El turista busca experiencias. Quiere saber qué va a vivir, qué va a descubrir y qué hace diferente a ese lugar respecto de otros destinos que también compiten por su atención.
En otras palabras, el visitante no consume recursos turísticos aislados. Consume la integración de esos recursos dentro de una experiencia capaz de generar emociones, recuerdos y valor durante su viaje.
Es allí donde aparece uno de los grandes desafíos que tiene hoy el turismo en Salta.
Porque si contamos con paisajes extraordinarios, gastronomía reconocida, pueblos con identidad propia, producción regional, artesanos, cultura y patrimonio, la pregunta ya no debería ser qué tenemos para mostrar.
La verdadera pregunta es cómo conectamos todo eso. ¿Cómo hacemos para que un turista que llega atraído por los paisajes termine descubriendo nuestra gastronomía?
¿Cómo logramos que quien viene por una experiencia gastronómica conozca también nuestros pueblos turísticos, nuestros productores locales o nuestros circuitos culturales?
¿Cómo transformamos una visita de dos días en una estadía de cuatro o cinco?
¿Cómo hacemos que cada experiencia invite naturalmente a descubrir la siguiente?
Son preguntas que deberían formar parte de cualquier estrategia de desarrollo turístico.
Porque allí es donde aparece el verdadero impacto económico de la actividad. Entendiendo que a mayor permanencia, mayor consumo. A mayor integración de experiencias, mayor distribución de beneficios. A mayor planificación, mayores posibilidades de crecimiento.
Por eso el lanzamiento de una temporada no debería ser solamente una oportunidad para mostrar atractivos. También debería servir para comunicar una dirección, una visión compartida y un objetivo común entre el sector público, el sector privado y los municipios.
Porque cuando existe una estrategia clara, cada acción encuentra sentido dentro de un objetivo mayor.
Y cuando ese objetivo no aparece con claridad, existe el riesgo de que excelentes recursos terminen funcionando como piezas aisladas.
Salta no tiene un problema de atractivos. Nunca lo tuvo, por que sabemos que tiene paisajes extraordinarios, una identidad cultural única, una gastronomía cada vez más reconocida y municipios con enorme potencial turístico.
El desafío es otro. Es lograr que todo eso deje de presentarse como elementos separados y comience a funcionar como parte de una misma experiencia.
Porque el futuro del turismo no depende únicamente de mostrar lo que tenemos. Depende de saber cómo integrarlo, cómo venderlo y, sobre todo, qué queremos construir con ello.
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