Un Cacho de Cultura: La Anata o canto a pulmón y el tiempo de los ritos

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

La cosmonogía andina es una de las más ricas y completas donde la música juega un papel fundamental. Cuando se visita algunas localidades en las cercanías de Tarija o Cochabamba, pueblitos mínimos, podría decirse, es donde resulta más interesante entreverarse en diálogos con los más ancianos que son verdaderos receptáculos de la cultura ancestral.

Allí descubrí un instrumento que me era desconocido: la Anata o Tarka, que vendría siendo la contraparte del Erke, que ya vimos. La Anata es el instrumento de la fuerza, del aire que estalla y que marca una transición fundamental en nuestra cultura de la Puna-Calchaquí.

A simple vista a uno le representa una quena, pero la diferencia estriba en que esta es una melancolía individual mientras la Anata es el grito colectivo. Esta última se construye con madera y produce una  vibración «ronca» y potente que anuncia la llegada de la fertilidad. No es una ejecución limpia y académica, es una ejecución visceral: “se busca que el instrumento “grite” o “llore”, nos indica un lugareño.

Si el erke es para la época de la helada, la anata es la que despierta la tierra. Es la música como herramienta de poder sobre la naturaleza. Y es un instrumento que une la cultura ancestral boliviana con nuestros pueblos indígenas, sobre todo vallistos. En Bolivia se la conoce como “Tarka”, y en Salta y Jujuy como Anata, que en aymara significa «Carnaval».

Se dice que su sonido ronco y potente tiene el poder de «llamar» a la lluvia y despertar a la tierra. Por eso, tocar una Anata fuera de tiempo (en invierno, por ejemplo) es considerado de mala suerte o una alteración del orden natural.

La ejecución de este instrumento es colectiva, son las “anateadas” (o tarkeadas), donde se reúnen 20 o 30 personas soplando al mismo tiempo, acompañados por bombos y redoblantes.  

Desde la concepción originaria, la Anata es el “grito de madera” de la tierra, mientras que el Erke es un rezo solitario al viento. La Anata, por fin, es la asamblea del pueblo que celebra la vida antes de que llegue la cuaresma.