Hoy puedo voltear un gobierno desde mi casa

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Venimos de una época en que los gobiernos caían cuando salían los tanques a la calle. Hoy, un ciudadano con una computadora puede influir en la estabilidad de un gobierno con una columna de opinión más que esa columna de tanques hace cincuenta años.

Los Golpes de Estado en nuestro país respondieron siempre a dos cosas: una lógica y una logística. La lógica era el control físico del territorio. Salir a la calle los uniformados y tomar los cuarteles, las radios, los puentes, los aeropuertos y la Casa Rosada. Y la logística, la movilización militar.

Pero hoy el terreno decisivo es el espacio informacional que puede oradar la legitimidad, la narrativa y hasta la movilización que pueden verse afectadas en cuestión de horas por campañas digitales formuladas por líderes de opinión, filtraciones, desinformación o convocatorias masivas. Si hasta podríamos decir que en estos días un “influencer” puede llegar a tener más fuerza que un teniente general.

El despacho más importante del poder ya no está necesariamente en la Casa Rosada ni en el Centro Cívico Grand Bourg. Está en la pantalla que cada ciudadano lleva en el bolsillo. Quien comprenda esa verdad empezará a gobernar el siglo XXI. Quien la ignore, seguirá administrando un país que ya no existe.

Tenemos un antecedente; el 6 de abril de 1990, apenas ocho meses después de la asunción de Carlos Menem, el periodista, Bernardo Neustadt desde su programa Tiempo Nuevo y sus columnas periodísticas, sentado en su estudio, llenó la Plaza Mayo en lo que se llamó la “Plaza del Sí”.

El objetivo era respaldar públicamente las reformas que comenzaba a impulsar el gobierno de Menem (privatizaciones, reforma del Estado, etc.). Fue un episodio muy significativo porque mostró, por primera vez en la democracia recuperada, el enorme poder de un periodista para convocar políticamente desde un programa de televisión.

Pensemos que Neustad tenía nada más que su señal de televisión. ¿Qué puede pasar hoy cuando alguien con algún predicamento sobre la sociedad utilice la redes sociales para desestabilizar a un gobierno?

Claro está, que eso requiere un nivel de inteligencia y preparación, porque los opositores y los “periodistas” que contratan no sobrepasan el nivel del cacareo de conventillo. Y eso no convoca, sólo entretiene.

Pero pensemos en una figura seria, con autoridad intelectual y peso mediático ¿Qué podría hacer? Porque el poder dejó de ser principalmente territorial para convertirse también en informacional. Y eso lo cambia todo.

No hay que subestimar el poder de quien comprende antes que los gobernantes cómo funciona el siglo XXI.

En 1955 hicieron falta aviones. En 1976 hicieron falta tanques. Pero en 2026 basta un teléfono celular para convocar a cientos de miles de personas. Hemos de llamar la atención sobre esto último porque significa que el poder cambió de domicilio.

La Primavera Árabe mostró cómo las redes sociales podían facilitar movilizaciones masivas, aunque sus resultados políticos fueron muy distintos según el país. Las protestas en Chile en 2019 se organizaron y amplificaron en buena medida por plataformas digitales. En Colombia, Francia o Estados Unidos, las convocatorias y la construcción de relatos también pasan por el ecosistema digital.

La propia campaña de Milei evidenció que es posible construir una fuerza política nacional con una dependencia mucho menor de las estructuras partidarias tradicionales. Milei no ganó en las urnas, ganó antes en los teléfonos.

Entonces, hoy, un periodista calificado, un creador de contenidos o cualquier actor con suficiente credibilidad pública puede modificar la agenda política, alterar la percepción social e incluso condicionar la estabilidad de un gobierno. No porque tenga un ejército, sino porque dispone de un instrumento que antes no existía: la capacidad de hablar simultáneamente con millones de ciudadanos sin pasar por las estructuras tradicionales del poder.

Los revolucionarios del siglo XX tomaban las emisoras de radio. Los del siglo XXI intentan dominar el algoritmo. Porque antes había que ocupar la Plaza de Mayo. Hoy primero hay que ocupar el teléfono de los argentinos… o de los salteños.

© – Ernesto Bisceglia