POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Amados y Venerables Hermanos, nuestra lectura dominical nos propone hoy meditar sobre la metafísica política argentina. Un corpus de momentos, personajes e ideologías que no sólo desafían a la economía o a la ciencia política, sino a toda la lógica aristotélica.
Ya lo dice San Hermenegildo de Antioquia, en su célebre tratado “Ad Déficitus Eternum Supervivientis”, que la Argentina ya no puede explicarse mediante categorías racionales convencionales, porque lo que nos ocurre en el país ya ingresó hace mucho tiempo en el terreno de la metafísica. Sólo -y quizás- visto desde de una teología de la demencia podríamos comprender cómo este redil de ovejas esquiladas continúa siendo un país.
De allí que diga con razón, San Hermenegildo, en uno de sus acápites: “Per misericordiam Sancti Hermenegildi, Argentina adhuc stat.”, que traducido para los legos y predicadores del mercado, significa: “Por misericordia de San Hermenegildo, la Argentina todavía sigue en pie.”
Porque cualquier analista extranjero que estudie seriamente a la Argentina concluiría, siguiendo las reglas de la lógica más elemental, que este país debió haber colapsado definitivamente varias veces. Y sin embargo, aquí estamos, como diría Víctor Heredia: sobreviviendo.
Estudiando más en profundidad a San Hermenegildo, hallamos entre sus máximas una referida a esta ratio inasequible que sostiene a los argentinos y que él llama “Mystica nationalis”, que él formula asÍ:
“Mystica nationalis: ars sobrevivendi sine ratione.”; o sea “La mística nacional o el arte de sobrevivir sin razón.”. Máxime en estos días en que la razón se ha alejado incluso de la cabeza del propio presidente de la Nación.
Nos preguntaremos entonces, a esta altura, ¿Cómo es posible que se sobreviva? Y San Hermenegildo nos ofrece la respuesta en el Capítulo II de su Códex, diciendo: “Argentina non regitur; miraculose perseverat.”, que traducido sería: “La Argentina no se gobierna; persevera milagrosamente.” Si, pues, hermanos todos, solamente con una obsesiva compulsión es posible comprender que este país haya sobrevivido a mesiánicos, terroristas, neoliberales, zurdoides, pseudoperonistas y vayamos atravesando este momento de nihilismo libertario, más peligroso que cruzar el Cinturón de Asteroides.
Como siempre afirmamos, la historia nos enseña y los dos líderes más grandes que tuvo la Argentina, apostaron a que la supervivencia argentina reside en el Pueblo, sustentados ellos seguramente en el Códex Hermeginiliano, que afirmaba: “Fides populi sustentat rem publicam.”, o sea: “La fe del pueblo sostiene la República.” Don Hipólito Yrigoyen, gran lector de San Hermenegildo, lo decía claramente: “Nada grande se puede hacer sin el pueblo.”
Y por supuesto, el más grande, Juan Domingo Perón -alias San Pocho-, reafirmaba la teoría hermeginiliana, sentenciando aquello de: “Lo mejor que tenemos es el Pueblo”. Sin el Pueblo, nada existe, por eso los libertarios desatan su empeño en terminar, precisamente, con el Pueblo.
De allí entonces, queridos hermanos, que debamos hoy meditar a San Hermenegildo y su “Mística Nacional”, que a las mentes de los palurdos es inexplicable, lo mismo que este país. Porque ¿Qué país se empeña en retornar a crisis terminales que nunca terminan, a dirigentes imposibles, a economías destruidas, a generaciones desencantadas y a seguir creyendo en instituciones exhaustas?
Así es, hermanos…, esta Argentina es un país del “Más allá”, donde los déficits son pruebas espirituales, la inflación un castigo veterotestamentario y cada gobierno promete la salvación escatológica definitiva. Pero también es un país extraño porque ni las “Fuerzas del Cielo” ((Liber Hermenegildi, IV, 7), han podido encaminarlo.
Digamos con San Hermenegildo, aquello que el Evangelio nos enseña “El argentino debe dar razón de su esperanza” (Codex Supervivientis, II, 3), y que nuestro consejero de hoy resume diciendo: “In chaos veritas, in déficit spes.”, o sea “En el caos, la verdad; en el déficit, la esperanza.”
¡Esperanza Hermanos! Esperanza de que el tiempo de prueba en la Gehenna libertaria culmine pronto y ruego, mucha oración para que el futuro no sea neoperonista… o algo peor.
Habiendo cumplido nuestra obligación dominical de santificar nuestro agobio con la Palabra, pongamos nuestro corazón en las palabras de San Hermenegildo que nos enseña “Patria cadit, sed numquam satis.”, o sea: “La patria cae, pero nunca lo suficiente.”
Sea nuestro corazón contrito y nuestro espíritu aliviado contemplando nuestra historia. Pensemos en nuestros ancestros que superaron las pruebas y así como nosotros, recemos al Dios de los corazones, repitiendo aquella jaculatoria de nuestro Venerable Hermano, Hermenegildo:
“Miraculum argentinum: semper ad ruinam, numquam in ruinam.” (“El milagro argentino: siempre hacia la ruina, nunca en la ruina.”). –
