POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Miles de salteños pasan frente a él cada día sin prestarle demasiada atención. Está allí desde hace décadas, inmóvil, convertido en parte del paisaje urbano. Sin embargo, ese viejo Gloster Meteor emplazado frente al Monumento 20 de Febrero podría guardar una historia extraordinaria.
Hoy se cumplen setenta años del bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, una de las jornadas más trágicas de la historia argentina. Como sabemos, aquel día, aviones navales y militares intentaron derrocar al presidente Juan Domingo Perón mediante un ataque aéreo sobre el corazón de Buenos Aires. Murieron centenares de civiles y varios miles resultaron con heridas de distinta consideración.
Hace décadas, un aveloriado dirigente peronista quiso ganar protagonismo con la peregrina idea de hacer sacar ese aparato como acto de desagravio peronista. Me tocó en suerte investigar si este aparato había volado aquella mañana o no.
Lo que sigue -lo advierto claramente-, es un testimonio que tiene sólo a Dios por respaldo porque no se conservó ninguna de aquella documentación que obtuve, lamentablemente. Según esos testimonios que eran un cuadro donde se detalla número de nave, estado y destino en aquella fecha; la matrícula nos informaba que aquel 16 de junio de 1955, el aparato instalado en las adyacencias del Monumento 20 de Febrero, no voló porque estaba ingresado en los hangares por mantenimiento. Esto, repito, hoy es una referencia oral.
Desde hace algunos años comenzó a difundirse la versión de que el Gloster Meteor conservado en Salta -matrícula I-090-, efectivamente, habría participado de aquellos acontecimientos. Incluso existen testimonios que identifican a esa aeronave como la que piloteó el entonces teniente Osvaldo Rosito durante los combates aéreos librados aquella jornada.
Sin embargo, la historia no parece estar completamente cerrada y la pregunta permanece abierta.
¿Combatió realmente el avión que hoy descansa en Salta durante el bombardeo a Plaza de Mayo? ¿O la memoria colectiva terminó atribuyéndole una participación que correspondió a otra aeronave?
La cuestión excede la mera curiosidad aeronáutica. Se trata de determinar si una pieza histórica conservada en nuestra ciudad fue testigo directo de uno de los episodios más dramáticos de la vida nacional.
Quizás algún lector, algún investigador o algún antiguo miembro de la Fuerza Aérea conserve la documentación que permita resolver definitivamente y de manera fidedigna el enigma.
Hasta entonces, el viejo Gloster seguirá allí, silencioso, observando el paso de los salteños y guardando, bajo su fuselaje de aluminio envejecido, una pregunta que todavía espera respuesta. –
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