Drácula ha muerto: Los nuevos vampiros usan algoritmos

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Era muy pequeño cuando vi “Drácula” por primera vez (ya existía la televisión). Para colmo, era de noche, en Buenos Aires y habíamos asistido a una cena en una casona muy elegante, con una escalera con la balaustrada impecablemente lustrada, que giraba arriba hacia los dormitorios. Solita mi alma, frente a la imagen en blanco y negro de Bela Lugosi que avanzaba con sus colmillos amenazantes.

Anécdota al margen, dicen que Drácula ha muerto, pero nadie lo vio morir… Ya no necesita salir de noche convertido en un quiróptero con sus colmillos saliendo, ni habitar en ataúdes. Los modernos vampiros no beben sangre. Extraen tiempo, atención, intimidad y datos. Y lo hacen con nuestro consentimiento.

Notemos que el elemento del que se nutrían los vampiros medievales era la sangre. Desde Vlad Tepes hasta la Condesa Erzsébet Báthory, el batido de hemoglobina era su preferido. Con la sangre, le robaban la vida a las personas. Pero ahora los vampiros ya no temen a la luz del día, andan entre nosotros las 24 horas. ¿Quiénes son? ¿Cómo reconocerlos?

Tenemos al usurero que roba tu patrimonio y se alimenta con tu dinero. Al político totalitario que roba la libertad de su pueblo. El tecnocapitalismo que convierte nuestra atención en mercancía. Y ahora, la Inteligencia Artificial -o mejor dicho, algunos usos de ella-; porque a diferencia de los otros, la IA,  no es un vampiro, pero puede convertirse en uno cuando es utilizada para sustituir el pensamiento crítico, manipular la voluntad o mercantilizar la atención humana.

En aquella película de mi infancia, Drácula, ingresaba por la ventana. Hoy, nosotros le abrimos la puerta con cada “clic” o pase de Tik Tok. Aquel Drácula, necesitaba de la noche para satisfacer sus instintos. Los modernos vampiros nos revolotean alrededor todo el día.

Esta es otra de las grandes paradojas del mundo contemporáneo. Aquellos monstruos temían a la luz que los convertía en cenizas; hoy, viven de la luz de nuestras pantallas. A través de aquellos le temíamos a la muerte, hoy, la muerte es casi un trámite biológico más. El hombre poshumanista ya ni siquiere muere… es biodegradable lo mismo que un detergente. La muerte dejó de ser un misterio para convertirse en un problema técnico.

De hecho, la moderna actividad vampírica ya ni siquiera le teme a los crucifijos. Qué miserable se sentiría el profesor Abraham Van Helsing, con su crucifijo y sus estacas bajo el brazo en esta era donde los vampiros se ríen hasta de Dios.

Pero si los vampiros se han modernizado, los crucifijos que hemos de utilizar también. Porque los vampiros digitales no soportan -y temen- al librepensamiento, al pensamiento crítico. Ellos consumen al abúlico y temen al ser humano que crea. Pero sobre todo, le absorben la vida al escéptico y al conformista, pero se detienen frente a la fortaleza de un Espíritu. Los vampiros digitales no soportan a quien piensa por sí mismo.

Quizás Bram Stoker imaginó mal el futuro. Drácula no alcanzó la inmortalidad bebiendo sangre. La alcanzó cuando comprendió que era mucho más rentable alimentarse del tiempo de millones de personas.

Desde entonces dejó de vivir en un castillo de Transilvania. Ahora habita silenciosamente en el bolsillo de cada uno de nosotros.

Y, como diría un viejo paisano de los Valles Calchaquíes mientras mira de reojo un teléfono celular:

—Antes el Diablo te esperaba en la Salamanca…

…ahora te espera en las condiciones de uso.

Y uno aprieta «Acepto» sin persignarse.

© – Ernesto Bisceglia

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