REDACCIÓN – www.ernestobisceglia.com.ar
No siempre una exposición de arte consiste apenas en cuadros colgados y silencios ceremoniales. A veces ocurre algo más interesante: el arte deja de mirar desde arriba y vuelve a mezclarse con la vida común. Eso propone la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) con la llegada a Salta de una importante muestra que recorre el vínculo profundo entre la creación artística y el mundo del trabajo argentino.

La iniciativa recupera una tradición que la organización sindical viene sosteniendo desde hace décadas. Hace veintitrés años presentó Signos de lo Nuestro, una carpeta serigráfica integrada por artistas de fuerte identidad nacional, capaces de dialogar con las corrientes universales sin perder raíz ni acento. Hoy aquella idea madura en una colección más amplia: un encuentro entre quienes luchan por la justicia social y quienes expresan, desde el arte, los sueños, dolores y esperanzas de un país
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La muestra reúne nombres de prestigio nacional e internacional, maestros relegados por cierta crítica distraída, artistas extranjeros que eligieron la Argentina como patria y creadores que hicieron del trabajo una estética y una causa. Allí conviven escenas fabriles, tareas rurales, puertos, barrios obreros, paisajes culturales y representaciones de conflictos sociales que marcaron época.
Aparecen así los pintores boquenses, con sus obreros del puerto y su color popular; la escuela de Boedo y la figura inmensa de Antonio Berni, para quien el arte debía también interpelar conciencias; el grupo Espartaco con Ricardo Carpani, emblema visual del trabajador organizado; la potencia intelectual y plástica de Luis Felipe Noé; y en tiempos más recientes, la obra de Daniel Santoro, que resignifica la iconografía del primer peronismo y aquella memoria sentimental de la felicidad popular.

Pero acaso el valor mayor de esta exposición no reside sólo en sus nombres, sino en su sentido. Democratizar el acceso al arte, sacarlo del circuito exclusivo de minorías ilustradas y devolverlo al pueblo del que tantas veces nació. Que una familia salteña, un trabajador, un estudiante o un jubilado puedan encontrarse con estas obras sin pedir permiso a ninguna elite.
En tiempos donde se confunde cultura con espectáculo y sensibilidad con mercado, esta muestra recuerda una verdad sencilla: un país también se construye con belleza, memoria y trabajo. Y cuando esas tres cosas se juntan, no hay inauguración menor: hay acontecimiento.
