POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
De pronto, pienso, que la desaparición física de personajes como Luis Brandoni, representan, en cierto modo una despedida nuestra. Porque son retazos de nuestra vida misma ya que desde que tenemos memoria los tuvimos como parte integrante de nuestra historia.
Nos vamos yendo con nuestros muertos. Los momentos más descollantes de la carrera artística de un hombre como Brandoni coincidieron con nuestros mejores años. Y sus películas iban representando momentos de nuestra historia, que al fin, son momentos nuestros.
Estas ausencias se potencian -si se quiere el término-, cuando quien se va fue un espejo. Y Brandoni representó para muchos de nuestra generación la expresión pública de los valores y categorías más señeras que debe tener un hombre, un ciudadano y un profesional.
Como hombre, su vida fue precedida por la decencia. Con pertenecer a un mundo donde la liviandad de las costumbres es causa hasta de escándalo, él, supo mantener una vida privada en orden y moderación.
Como ciudadano, fue un hombre de profundas convicciones democráticas, que sufrió la persecución, las amenazas, el secuestro y el exilio en tiempos de la dictadura cívico-militar. Radical de acendrada estirpe, comulgó con las ideas de la causa de los desprotegidos, uno de los pilares fundamentales de la Unión Cívica Radical. Cursó en el protagonismo político como funcionario retirándose sin que nadie pudiera observarle siquiera un atisbo de corrupción.
Como profesional fue impecable en cada papel que asumió. Desde la tragedia en “La Patagonia Rebelde” hasta el memorable “¡Qué pobreza, tenían sólo tres empanadas!”, mientras se comía una en “Esperando la carroza”. Su nombre en los títulos o en las marquesinas era garantía de buen espectáculo.
Se va, tal vez, el último actor de la talla de los grandes que tuvimos la suerte de que formaran parte del entrenimiento de nuestra generación antes de la caída en la chabacanería y el vacío que ofrecen los espectáculos contemporáneos.
Por eso, porque representó nuestros valores, nuestra conciencia cívica y esa devoción por el trabajo, la ausencia de Luis Brandoni, nos desgaja un poco, haciéndonos caer en la cuenta de que pertenecemos a esa generación de oro que se va…, como nosotros que también ya nos estamos yendo.-
© – Ernesto Bisceglia
