Eva Perón y el duelo que no termina

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

“El hombre que durante más de veinte años sigue pensando lo mismo, es un imbécil” (Félix Luna)

Los grandes muertos no necesitan defensores. Necesitan lectores capaces de comprender su tiempo. Porque no es posible contemplar la historia y discernirla pensando con criterios actuales o continuar sosteniendo las animosidades que provocaron en su tiempo. Han transcurrido 74 años de la muerte de Eva Perón y ese nombre continúa enzarzado en la conciencia popular con una vigencia obstinada.

Es sintomático que los amores y los odios que supo despertar en sus días también continúan ardiendo. ¿Será tal vez porque Eva Perón dividió a los argentinos de entonces, pero también dividió a la historia?

Entonces, uno piensa: ¿Qué tiene ese cuerpo que continúa vivo en la memoria y en el ánimo de tantos argentinos, mientras otros -incluso presidentes- han pasado al olvido? En ese punto es donde hemos de admitir que nos hallamos frente a un personaje distinto, porqué no admitirlo también: enorme.

Hay que haber nacido en una familia de militares y jesuitas, antiperonistas hasta la médula, para comprender que incluso entre quienes pronunciaban «La Eva» con desprecio había, escondido, un reconocimiento imposible de disimular. Algunos, incluso,  partícipes de los hechos de 1955. De hecho, cuando se expuso su cadáver en la cripta alzada en la Quinta de Olivos, en 1975, donde el pueblo peregrinaba a “venerar” el ataúd de Juan Domingo Perón y el cadáver de Eva Duarte, mis familiares fueron los primeros en visitar el lugar. Tendría unos siete años cuando contemplé aquel improvisado “Altar del culto al personalsimo”.

Los años, la lectura profunda del fenómeno del peronismo, me llevaron a comprender un tanto por qué Eva Perón, continúa como esa zarza ardiendo imposible de apagar.

Escuché decir: “Sin Eva Perón, el peronismo no hubiera existido”, y tal vez, por comprender la oligarquía y los “contras” esa verdad era que la odiaban visceralmente. También escuché a otros afirmar: “La Eva fue más grande que Perón”. Y tal vez por eso, el General es un símbolo, pero Eva Perón es una Estrella Polar en el firmamento de los verdaderos peronistas.

Como sea, ante los grandes muertos, debemos reconocer sus méritos para formar en ese firmamento donde pocos se consagran en el imaginario de los ídolos populares. Entonces… ¿Qué sentido tiene continuar denostándola? ¿Contribuye en algo al progreso del pensamiento político mancillar su nombre? Creo que estas actitudes sólo pueden ser patrimonio de los miserables de la política que saben en su fuero interno que -como dice Aquiles a ese que no quería ir a combatir a Troya- “Por eso, la historia no te reconocerá”.

Eva no dividió solamente a los argentinos. Dividió a la historia

Frente a los grandes muertos, la actitud debe ser la de estudiarlos para comprender, en sus aciertos y defectos, cuál es el valor intrínseco que los ubicó en ese lugar donde habitan los bronces que representan los momentos más destacados de nuestra historia. Persistir en el insulto contra ellos no revela grandeza de quien los juzga, sino pequeñez de quien necesita seguir combatiéndolos cuando ya no pueden responder.

Los hombres pasan, pero los grandes muertos quedan, superan el exterminio vital a que nos somete la biología y perduran vivos en los corazones de millones que aún no habiéndola conocido la ungen con el óleo perpetuo de su amor y escriben para los venideros  el epitafio más sublime que un mortal pueda pueda exhibir en su tumba: el amor incandescente que representa su anónimo tributo a la mujer que pudo partir en dos a la historia argentina contemporánea.

Porque los grandes muertos nunca pertenecen por completo a su tiempo. Cuando una figura histórica sigue despertando adhesiones y rechazos a más de siete décadas después de su desaparición física, deja de ser un personaje para convertirse en un fenómeno.

Eva Perón ya no necesita que la absuelvan ni que la condenen. Necesita que la comprendan. Porque sólo comprendiendo a Eva podremos comprender una parte esencial de la Argentina. –

© – Ernesto Bisceglia

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