Sobre la cuestión de los tres Pedros en el Evangelio de las conveniencias

POR: EVARISTO DEL CARRIL ANCHORENA UNZUÉ (Desde la clandestinidad cafayateña) – www.ernestobisceglia.com.ar

En verdad os digo, que a pesar de las gélidas horas que este incipiente invierno nos proporciona, existen comportamientos de políticos que nos calientan más que una salamandra. Porque acabamos de comprobar que la felonía nos es patrimonio exclusivo de los malhechores, sino también de aquellos que dan la espalda a quienes los pusieron en los cargos dándoles la posibilidad de vivir como elegidos del Señor…, del señor presidente de la Nación.

Os diré; el Cristo también convirtió a simples y brutos pescadores en elegidos y  uno de ellos -Pedro- lo negó tres veces antes de que el gallo cante. Lo irónico de esta situación es que ahora Salta tiene tres legisladores nacionales que han conseguido una proeza bastante más moderna: negarse a sí mismos los tres de una vez. Ni siquiera hubo que esperar el canto del gallo. Bastó que hablara la Casa Rosada. Y ahora… como se preguntaría el noble Sócrates a la hora de la condena por el Estado: “¿Quién le paga el gallo a Esculapio?”

A fin de poner en autos a los desprevenidos, debo recordaros cómo el gallinero libertario se alborotó  hace apenas unos meses, cuando en Salta se discutía una reforma electoral impulsada por el gobernador, Gustavo Sáenz, y estos fervorosos custodios de la República denunciaban un «flagrante atentado contra la democracia». Invocaban la Constitución, la división de poderes y poco menos que el Juicio Final.

No vengáis en pos de mí acusándome de faccioso, sino mirad vuestras propias miserias y la falta de criterio y razón para tratar las cuestiones de la cosa pública. Lo que para vosotros ayer era un pecado, hoy está a punto de convertirse en una indulgencia plenaria. Y recordad: en un tiempo, la salvación eterna era pagada. O sea…

Los vientos cambian y esos  que antes fueron amarillos y tornaron al morado, ahora no se ponen colorados a la hora de acompañar y aplaudir una reforma semejante porque la iniciativa lleva la firma del presidente, Javier Milei. Para esta gente, la Constitución y las leyes, al parecer, poseen una admirable elasticidad: cambian de interpretación según el domicilio del autor.

Debo confesar que mis estudios teológicos comienzan a flaquear cuando veo a estos hijos de las “Fuerzas del Cielo”, mencionados en el Libro de los Macabeos, ahora convertidos en acólitos del Libro de los Macaneos.

Bien lo dicen los documentos del Vaticano II cuando alaban “estas maravillas de la técnica”, predicando sobre el avance de las comunicaciones. Y tienen razón, pero os diré que Internet, además  ha resultado mucho menos misericordioso que los Evangelios. Porque si el Señor perdona los pecados y olvida vuestras y flexibilizaciones morales -distracciones éticas, le pongamos-, los archivos de video conservan vuestras declaraciones que permanecen, incorruptibles, acusandoos como testigos mudos a vosotros que ayer rasgaban sus vestiduras de Armani y trajecito sastre y hoy descubren inesperadas virtudes en aquello mismo que condenaban.

No es un pecado cambiar de opinión, pues todos aprendemos y todos rectificamos. Lo deshonesto es fingir que nunca se dijo lo contrario.

Antes, cuando la política todavía conservaba cierto pudor, un hombre podía cambiar de estrategia, pero no de principios cada vez que cambiaba el viento. Se nacía bajo una bandera y, generalmente, se moría bajo la misma. Hoy algunos han convertido a la política en una fiesta de disfraces donde lo único permanente es la búsqueda del cargo. No han cambiado de ideas. Han cambiado de patrón.

La reforma electoral era intolerable mientras la proponía Sáenz. Ahora se volvió virtuosa apenas la anunció Milei. Luego, la pregunta es inevitable: ¿la reforma era mala… o era malo el reformador? 

¡Pedro… vuelve, te perdonamos! Y hasta pagaremos el gallo a Esculapio. Bah…, en realidad siempre hemos terminado pagando nosotros.

Porque si una misma medida constituye un atentado contra la democracia cuando la impulsa uno y una saludable modernización institucional cuando la impulsa otro, el problema nunca fue la reforma. El problema siempre fue la firma al pie del decreto… y tal vez el monto de la dieta en el cajero.

Ya lo resumió mejor que nadie Groucho Marx: «Tengo estos principios; pero si no le gustan, tengo estos otros.»

A esta altura, la indignación que me posee como el Mefisto al Fausto, me obliga a empinarme unos chupitos de Laborum Reserva mientras alimento el fuego de mi hogar con ese alcohol etílico puro de marca Nanni. Bien decían los abuelos en la estancia: “Al fuego aliméntalo con lo más barato”.

Ya más entonado, os recuerdo que la política admite rectificaciones. Lo que no hemos de admitir es el travestismo moral permanente -cuestión que aflige a algunos legisladores salteños-; y si ahora hemos de defender exactamente lo contrario de lo que se defendía hace apenas unos meses, no estáis ante una evolución intelectual sino ante un aberrante hecho de obediencia debida. Y sabemos bien los argentinos a dónde nos condujo ese tipo de subordinaciones.

¡He aquí, pues, el meollo de nuestras preocupación! Porque Salta eligió legisladores nacionales para defender los intereses de la provincia, no para practicar genuflexiones ideológicas cada vez que el poder cambia de domicilio o un brote psiquiátrico altera el norte de la brújula de Balcarce 50.

Vosotros que en setiembre buscáis los lugares de privilegio junto a los Santos Patronos, recordad cómo los discípulos se durmieron en el Huerto de los Olivos y entregaron al Señor. Ahora, repiten la escena entregando al pueblo -que está dormido- al patrón que vive en Olivos.

Hasta el mismo Judas fue más noble que vosotros, porque al menos tuvo un gesto que la historia le reconoce: se arrepintió. Vosotros, en cambio, practicais vuestras transmutaciones de fe y flexibilizaciones morales cambiando de color, de discurso, de enemigos y de convicciones con la naturalidad de quien cambia de saco.

Porque Pedro negó al Maestro por miedo, pero vosotros sois peores porque os negáis a vosotros mismos por conveniencia.

Y creedme: hay pecados que obtienen perdón. Pero cuando un hombre renuncia a su propia palabra deja de necesitar adversarios, porque el único juez del que jamás podrá escapar será el espejo.

Mejor voy en busca de otro Laborum Reserva..

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