Un Cacho de Cultura: Cuando pagué la Coca-Cola más cara del mundo

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Confieso que la última vez que estuve en la Piazza Navona cometí un pecado económico de difícil absolución: pagué la Coca-Cola más cara de mi vida. Sin embargo, con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que no pagué la bebida; pagué el privilegio de sentarme un rato en uno de los escenarios más hermosos del mundo, mientras una orquesta interpretaba este “Capriccio Italien” de Tchaikovski. Hoy comprendo de que el precio también incluía la banda sonora. También comprendí que hay ciudades donde hasta los precios forman parte de la obra de arte.

Es que hay músicas que se escuchan y otras que se pasean. El Capriccio Italien de Piotr Ilich Tchaikovski pertenece a estas últimas. Compuesto en 1880, después de un viaje por Italia, es una auténtica postal sonora donde desfilan fanfarrias militares, canciones populares, plazas bulliciosas y el inconfundible sol mediterráneo.

Lejos del dramatismo de sus sinfonías o del lirismo de sus ballets, Tchaikovski nos regala aquí una obra luminosa, festiva y desbordante de color. Cada melodía parece invitar al oyente a caminar por las calles de Roma, mientras la orquesta despliega un virtuosismo que culmina en un final exuberante y contagioso.

Escuchar esta pieza es comprobar que la música también puede pintar paisajes. Sin necesidad de palabras, Tchaikovski convierte a Italia en sonido y demuestra que, a veces, el mejor viaje es el que se realiza con los ojos cerrados y el corazón dispuesto a dejarse sorprender.