POR: ANA CECILIA BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Cuando hablamos de turismo, solemos pensar en paisajes, gastronomía, hoteles, excursiones y atractivos. Hablamos de promoción, de conectividad, de inversiones y de estrategias para atraer visitantes. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en una pregunta que debería formar parte de cualquier política turística: ¿estamos realmente preparados para recibir a todas las personas?
En los últimos años, comenzaron a realizarse algunas capacitaciones vinculadas a la inclusión y a la discapacidad. Y eso representa un avance importante. Pero también es cierto que la verdadera inclusión no se logra con una capacitación aislada ni con una acción puntual. Se construye todos los días, en cada espacio de atención, en cada restaurante, en cada hotel, en cada museo, en cada excursión y en cada persona que tiene contacto con un visitante.
Hoy es un día muy especial para mí porque mi hijo cumple años. Como mamá de un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA), aprendí que muchas veces las mayores barreras no son físicas. Son la falta de información, de empatía y de herramientas para comprender que no todas las personas viven o perciben el mundo de la misma manera.
Y eso también debería invitarnos a reflexionar sobre el turismo que queremos construir.
Porque una familia que viaja con un niño con TEA, con una persona con discapacidad o con cualquier necesidad específica no busca privilegios. Busca poder disfrutar de una experiencia con tranquilidad, comprensión y respeto. Busca encontrar personal capacitado, espacios preparados y personas que sepan cómo actuar cuando una situación se presenta de manera diferente a la habitual.
La inclusión también es calidad turística.
Un destino preparado para recibir a todas las personas no sólo mejora la experiencia de quienes tienen una discapacidad. Mejora la experiencia de todos. Porque un destino accesible es un destino más humano, más profesional y más competitivo.
Por eso quizás sea momento de ampliar la mirada. Cuando hablamos de capacitación turística, solemos pensar en idiomas, ventas, marketing o atención al cliente. Todo eso es importante. Pero también deberíamos incorporar de manera permanente herramientas relacionadas con la inclusión, la neurodiversidad, la accesibilidad y la atención de personas con distintas necesidades.
Hoteles, restaurantes, museos, agencias de viajes, transportistas, guías, organizadores de eventos y comercios forman parte de esa experiencia. Todos tenemos algo para aprender y todos podemos contribuir a construir una provincia más preparada para recibir a quienes nos visitan.
Como digo siempre: turismo somos todos.
Y si realmente creemos en esa frase, también debemos entender que un turismo de calidad es aquel en el que todas las personas pueden disfrutar, participar y sentirse bienvenidas.
Porque la verdadera inclusión no empieza cuando una persona llega a un destino. Empieza mucho antes. Empieza cuando decidimos aprender.
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