POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
La fecha del 3 de Junio une dos momentos históricos distantes pero cercanos visceralmente por un mismo sentimiento: el de unir el fenómeno que le dio vida a este país como fue la inmigración y el natalicio de Manuel Belgrano, en 1770, en Buenos Aires.
Las naciones suelen recordar a sus fundadores, pero con menos frecuencia recuerdan a los padres de sus fundadores. Manuel Belgrano fue el creador de la Bandera argentina y uno de los Padres de la Patria, pero antes de eso fue el hijo de un comerciante genovés que había cruzado el Atlántico buscando fortuna en un rincón remoto del Imperio Español.
Y ese carácter de inmigrante italiano de Domingo Belgrano y Perí -padre de Manuel-, unirá a la inmigración italiana con el Prócer. Precisamente, el día del natalicio de Manuel Belgrano, una ley de 1995, declarará al 3 de Junio como el Día del Inmigrante Italiano en la Argentina.
Hay algo profundamente simbólico en esta historia: Un hombre cruza el océano persiguiendo prosperidad y su hijo termina creando la Bandera del país que lo hospeda, además de protagonizar una de las Gestas más importantes de la Independencia.
La imagen es poderosa porque suele olvidarse que la historia argentina no fue construida únicamente por héroes nacidos en estas tierras. También la levantaron hombres y mujeres llegados desde otros horizontes, que aportaron trabajo, conocimientos, costumbres y hasta apellidos que terminaron confundidos con la propia identidad nacional.
La influencia italiana suele asociarse a la gastronomía, la arquitectura, el lenguaje cotidiano o las grandes corrientes inmigratorias de finales del siglo XIX. Sin embargo, existe un aspecto menos conocido: la contribución italiana a la construcción sentimental de la Argentina.
No sólo ayudaron a edificar ciudades. También colaboraron en la tarea más compleja de todas: darle emociones a una nación.
Resulta llamativo comprobar cuántas de las músicas patrióticas que acompañaron la formación cívica de generaciones enteras estuvieron vinculadas a compositores italianos o descendientes de italianos. La propia Aurora, convertida en una de las canciones más emblemáticas de la bandera argentina, nació de la inspiración del gran músico Héctor Panizza, figura destacada de la tradición lírica italiana.
Los inmigrantes italianos introdujeron los bronces en las bandas militares criollas y los conservatorios, los teatros y las escuelas estuvieron poblados durante décadas por músicos llegados desde Italia o formados bajo esa tradición cultural. Sin proponérselo, aquellos inmigrantes terminaron escribiendo parte de la banda sonora de la Nación.
Quizás por eso la coincidencia del calendario tenga más sentido del que parece.
Belgrano creó la Bandera, pero fueron muchas generaciones de argentinos, entre ellos miles de inmigrantes italianos quienes le dieron voz, música y emoción. De hecho, los italianos celebraron en sus comunidades -Sociedades Italianas- los fastos de la “Patria lontana”, pero amaron a este país como verdaderos argentinos hasta abrazarse con la tierra en sus huesos.
La historia suele resumir a Belgrano en una estatua, una fecha escolar y una enseña celeste y blanca. Sin embargo, detrás del prócer había también un apellido ligur, una familia inmigrante y una experiencia que hoy forma parte de la identidad de millones de argentinos.
Tal vez por eso el 3 de Junio nos permita recordar dos cosas al mismo tiempo: el nacimiento del creador de la bandera y el aporte de quienes llegaron desde Italia para ayudar a construir el país que esa bandera representaría.
Después de todo, antes de convertirse en el Padre de la Bandera, Manuel Belgrano fue simplemente el hijo de un inmigrante. –