2 de Junio, Italia celebra el Día de la República

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Cada 2 de junio Italia celebra el Día de la República, la fecha que recuerda el referéndum de 1946 que puso fin a la monarquía de los Saboya y dio nacimiento a la actual República Italiana.

Sin embargo, cada vez que llega esta fecha, mi memoria viaja hacia otro lugar: hacia el recuerdo de aquellos viejos inmigrantes que amaron a este país con una intensidad que hoy nos avergonzaría a los propios nativos.

Y vienen a mi memoria los rostros de aquellos italianos que conocí durante mi infancia y mi juventud…

Los recuerdo de pie en los actos frente al Monumento al General José de San Martín, en las recepciones de la Sociedad Italiana, con los ojos húmedos mientras sonaba el Himno Nacional Argentino. Lo cantaban con respeto, con emoción sincera, con el orgullo de quienes habían trabajado toda una vida en esta tierra y habían aprendido a amarla como propia.

Pero luego ocurría algo distinto.

Sonaban las primeras notas del Inno di Mameli y sus miradas parecían perderse en algún punto del tiempo. Ya no estaban completamente allí. Habían vuelto a otro lugar.

Quizás retornaban al Pinerolo del Piemonte, del Pettineo de “La Sicilia”, del Friuli, de Cozenza en la Reggio Calabria; tal vez una calle de Génova, a un puerto de  la Puglia o a una pequeña casa de piedra que el tiempo había dejado del otro lado del océano.

Los inmigrantes italianos construyeron buena parte de la Argentina moderna. Levantaron comercios, sembraron campos, fundaron asociaciones, escuelas, periódicos y hospitales. Contribuyeron a moldear nuestras costumbres, nuestra gastronomía, nuestro lenguaje cotidiano y hasta nuestra manera de entender la familia.

Fundaron la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, participaron en la creación de entidades bancarias y dieron origen a empresas que todavía forman parte de la memoria económica argentina: Grimoldi, Piazza, Terrabusi y tantas otras.

Nunca dejaron de conservar un rincón íntimo reservado para la patria lejana a la que mencionaban con una expresión hermosa: «la patria lontana». La patria distante. La patria de los recuerdos.

Lo curioso es que muchos de aquellos inmigrantes habían partido de una Italia que ya no existía, porque muchos nacieron en el Reino de Italia y atravesaron dos guerras mundiales. Otros vieron desde la Argentina la caída del fascismo, la destrucción de ciudades enteras y el nacimiento de la República Italiana en 1946.

Mientras construían una nueva vida en América, el país que habían dejado atrás cambiaba para siempre. Vinieron a “Fare l’America”, a “hacer la América”, a construirla.

Y sin embargo, la emoción permanecía intacta. Tal vez porque las patrias reales cambian, las fronteras se modifican, los gobiernos pasan y los sistemas políticos se transforman; pero las patrias de la memoria y del corazón permanecen.

Por eso aquellos ancianos podían emocionarse con dos himnos sin sentirse menos argentinos ni menos italianos. Habían comprendido algo que las ideologías suelen olvidar, que el corazón humano es perfectamente capaz de amar más de una tierra.

En una fecha como ésta, mientras Italia recuerda el nacimiento de su República, vale la pena recordar también a aquellos hombres y mujeres que llegaron con una valija, un idioma, algunos sueños y una enorme voluntad de trabajo: “El nono y la nona”, como dulcemente los llamábamos.

Muchos partieron pensando que algún día regresarían pero la mayoría terminó quedándose para siempre. Porque habían descubierto que la Argentina se había convertido en su hogar.

Y aun así, cuando escuchaban las notas del viejo himno italiano, sus ojos seguían viajando hacia una tierra que existía cada vez menos en los mapas y cada vez más en los recuerdos.

 Quizás allí resida el verdadero significado de la inmigración: no abandonar una patria para adoptar otra, sino aprender a vivir llevando ambas en el corazón.