Un Cacho de Cultura: La baguala, ese antiguo grito del norte

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

En el mes de octubre -y este es uno de tantos ejemplos-, se celebra la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario, en Cafayate. Los días previos al 7 de octubre, sobre un escenario montado en frente de la Catedral, mientras llegan los peregrinos desde las distintas serranías aledañas, los decidores, los cantores, los bailarines y los copleros derraman su arte durante horas. ¡Aquello es folclore en estado puro!

Entre todo ese riquísimo acervo que no sabemos vender al turista, se encuentran los copleros, los cantores de bagualas, que nos hacen comprender que hay músicas que entretienen y otras que acompañan. Y algunas, muy pocas, parecen venir desde antes que nosotros. La baguala pertenece a esa última categoría: no se escucha solamente con los oídos, sino con algo más hondo y más viejo.

La baguala es una de las expresiones musicales más antiguas del noroeste argentino, especialmente viva en Salta. Tiene raíces indígenas andinas y mestizas, vinculadas a comunidades diaguitas-calchaquíes y a antiguas formas de canto ceremonial y comunitario.

La baguala nació en los cerros, en los valles, en la intemperie. Allí donde la voz debía viajar lejos y donde el paisaje enseñaba que el silencio también forma parte de la música.

Se canta generalmente a una sola voz, con un estilo desgarrado, profundo, casi un llamado y en ocasiones un lamento. La acompaña la caja coplera, cuyo son es como si imitara el corazón o el paso humano en la tierra.

Su escala melódica y sus giros vocales la vuelven inconfundible: para algunos suena triste; para otros, solemne; para quienes la entienden de verdad, suena libre.

La baguala se expresa en coplas breves, muchas veces improvisadas o heredadas, tocando temas profundamente humanos como el amor y el desamor, la distancia, la pobreza digna, la burla picaresca, la naturaleza, la fe popular, la muerte, pero sobre todo contiene la memoria del pueblo.

En los Valles Calchaquíes salteños, en pueblos como Cachi, Molinos, San Carlos o Cafayate, la baguala sigue viva en carnavales, encuentros de copleros y celebraciones populares. No como pieza de museo, sino como práctica real.

Durante el carnaval norteño, cuando se desentierran simbólicamente alegrías y licencias, la baguala reaparece con toda su fuerza ancestral.

La baguala, tal vez sea nuestra expresión más autóctona, más sentida, por subre desde la tierra, atraviesa el aire seco de los cerros y recuerda algo esencial: hubo pueblos que, antes de tener micrófonos, ya sabían cantar el alma. –

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