Diez años exactos: de la condena fiscal al duelo y memoria eterna

POR: Lic. RODOLFO CEBALLOS

En la tragedia griega, género teatral pensado para la reflexión de los dramas humanos que ocurren en forma inexorable, el final siempre muestraba la muerte de un protagonista importante y partícipe de la historia narrada.

Superada la era clásica de los griegos, estamos ahora en la posmodernidad; sin embargo, el hilo existencial de aquella milenaria tragedia griega sigue vigente con su trama intacta que borda nuevos dramas.

El ídolo Messi y su padre, en julio de 2016, fueron condenados por evadir impuestos al Estado español durante muchos años. La pena fue de prisión no efectiva y, como los evasores de los millones de euros, equivalentes hoy a más de 7 mil millones de pesos argentinos, pagaron la multa y los impuestos adeudados, quedaron eximidos de prisión; pero el delito de evasión quedó en su prontuario policial.

Ese hecho penal marcó en la relación padre e hijo un mensaje contundente de que, más allá de la fama y la idolatría al crack, la ley de la polis española está por encima de los exitosos y los millonarios.

Los Messi conocieron la ley como una seguridad jurídica para los que pagan impuestos, aunque la comunidad se haya perjudicado varios años por no recibir las contribuciones de los evasores.

Luego, a diez años exactos de la condena judicial, en la relación padre-hijo llegó otro golpe existencial durísimo: la muerte del padre. El ídolo está dolido porque perdió casi todo. Su amigo, su mentor y su soporte en una carrera brillante en el fútbol mundial.

Jorge representó para Lionel todo un símbolo de dirección, contención, representante personal y organizador de la riqueza conseguida.  

El peso temporal de diez años exacto – julio de 2016 y julio de 2026- sella el arco dramático con la precisión implacable de la mitología griega: la irreversibilidad de algunos hechos aunque los que los protagonicen sean semidioses.

 En 2016, el tribunal español juzgó contratos, firmas a ciegas y patrimonios opacos; intentó medir en números y culposas responsabilidades el peso de una maquinaria corporativa que superaba el entendimiento terrenal del ídolo para admitir que era un evasor más en la élite del deporte.

La condena penal económica fue el momento en que la estructura legal intentaba atrapar al héroe en su dimensión puramente humana y administrativa.

Pero la muerte de Jorge Messi en 2026 disuelve toda burocracia, todo antecedente penal, la fiscalidad y la tragedia legal en el cumplimiento de la ley impositiva.

Lionel seguro que, al perder ese padre de tesón y superprotector, lleno de empuje, siente la radical soledad de una despedida no deseada, definitiva.

El padre amado por el hijo cuando parte para siempre, deja un vacío insondable que la riqueza de Lionel ni su legado deportivo pueden suturar.

El jugador-leyenda dejó de ser interpelado por el Estado para que de cuenta de sus laberintos financieros y sus atajos impositivos en paraísos fiscales. Ahora es sometido a otro imperativo sin parangón en su vida: conocer de cerca la finitud del ser y el convencimiento, por lo tanto, de que se transformó hoy también en un antihéroe. Nadie le pudo dar una relación cara a cara, infinita, con su padre.

El fín del vínculo físico le muestra el escenario de que hay partidas que indican que nació otro hombre «huérfano» de padre.

La sombra de lo inevitable para Lionel tiene más esfuerzo mental que ganar en el césped de una cancha. Su padre fue el cimiento de su historia y ahora también el motivo principal de su duelo.

Frente a él está Jorge, recuerdo perpetuo, marcándolo como cuando juega entre futbolistas que quieren ganarle a toda costa.

Jorge le provoca con su desaparición una insistencia existencialista: somos eslabones de una cadena que se termina un día y nunca los dueños de la eternidad para disponer siempre con la persona que nos llena los afectos más profundos.

Lionel ya despidió a su padre en una ceremonia íntima. Fue consciente al cementerio de que ahora no es su representante absoluto en esta vida, sino su memoria definitiva en lo familiar y también en lo colectivo. La sociedad le reconoce a Jorge la arquitectura que montó en torno al hijo para superar los obstáculos físicos que impedían su desarrollo normal y cerrar un recorrido en Barcelona, haciéndolo, finalmente, el ídolo de las masas.

La tragedia griega siempre obligaba que todos los personajes sufran al destino, como un rayo imparable que no tregua, ni años para planificar; todo se tiene que precipitar de golpe.

Los acontecimientos sucedidos en la familia Messi, entre julio del 2016 hasta julio del 2026 (la condena judicial, el cáncer terminal, un mundial con muchos avatares al final y la muerte del padre para cerrar el ciclo) fueron el destino griego del mundo siglo XXI, globalizante para el fútbol y su clima de negocios.

En esta historia no hay mano invisible, opera el destino inquebrantable que los griegos respetaban como llegado del orden universal, exacto y natural.