POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Ganó Lula y este resultado no es simplemente el triunfo de un presidente de izquierda; representa la continuidad de un dirigente que ha hecho del multilateralismo y de la autonomía estratégica brasileña dos ejes de su política exterior.
Además, consolida la presencia de los BRICS en Lationamérica porque Brasil fue uno de los cuatro integrantes originales del grupo BRIC, junto con Rusia, India y China. La incorporación de Sudáfrica, en 2010, dio lugar a la denominación BRICS.
Pero aquí lo interesante es que la continuidad de Lula plantea tres cuestiones diferentes:
Primero, para Trump: Brasil mantiene su participación en un bloque que busca ampliar el peso económico y diplomático de las potencias emergentes. Eso no convierte automáticamente a los BRICS en una alianza antiestadounidense, pero sí representa una alternativa a la centralidad de Washington.
Segundo, para Milei: la relación con Brasil exige pragmatismo. No se trata solamente de diferencias ideológicas: están en juego el Mercosur, el comercio bilateral y las cadenas industriales compartidas. La afinidad con Trump no reemplaza esos intereses.
Tercero, para la región: el resultado brasileño muestra que América Latina continúa siendo un espacio de competencia entre proyectos políticos diferentes, sin una orientación ideológica uniforme.
Ahora, una idea interesante es la paradoja de la política exterior argentina es que puede tener una relación privilegiada con Washington y, al mismo tiempo, una relación políticamente conflictiva con su principal socio del Mercosur, lo cual nos lleva a plantearnos una pregunta: ¿hasta qué punto conviene convertir las afinidades ideológicas entre presidentes en el criterio rector de las relaciones internacionales?
Porque los gobiernos cambian, pero la geografía, los vecinos y los intereses permanentes de los Estados no cambian con la misma facilidad.
Por último, deberíamos en Salta, reflexionar sobre las posibles incidencias de este triunfo en el marco del cambio geopolítico mundial que está pasando de ser atlántico a consolidarse en el eje indo-chino. ¿Cómo quedará la prepotencia de Buenos Aires?
La respuesta a esta última pregunta la tenemos los salteños. –
