POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
El Alonso Quijano -El Quijote- dice, más o menos, que “La razón de la sinrazón que a mi manera es mi razón”, una descripción apropiada para justificar la locura. Sin embargo, Erasmo de Rotterdam, en su célebre “Elogio de la Locura”, plantea una pregunta que recorre toda la obra: ¿quiénes son verdaderamente los locos?
Porque según Erasmo, la locura puede ser una forma superior de sabiduría, mientras que aquello que la sociedad considera sensatez puede encubrir la más peligrosa de las insensateces. Tiendo a pensar que en el caso de nuestro presidente -Javier Milei- estaríamos hablando de la segunda consideración; porque ha sido elegido bajo los parámetros de la sensatez y legalidad, pero el comportamiento nos estaría demostrando que el frasco tiene pocos caramelos.
Supongo que alguien debe decirlo desde una objetividad, digamos “pura”, y digo así porque debo reafirmarlo para los advenedizos y los poco avisados que no soy peronista. En nuestra familia, cuando alguien se ponía de novio se preguntaba “¿es peronista?”. Porque entre nosotros, ser peronista era casi como no pertenecer a la raza humana. Pero uno evoluciona y confieso que entre los peronistas tengo logrados amigos. Cuando se aprende a conocerlos algunos son simpáticos y hasta buenas personas.
Obviamente, como esa enorme mayoría voté a Milei, más que nada para terminar con esa turba de saqueadores que era el kirchnerismo. Pero hoy, a la luz de los resultados de este muchacho -repito- quiero que me indemnicen el voto.
Ocurre que un argentino medianamente normal no puede aceptar que su presidente se comporte como un malevo de un sector marginal. Es inaceptable que nuestro presidente visite otro país sembrando insultos y descalificaciones hacia las autoridades locales. Y esto por dos razones: son autoridades legítimamente constituidas y él, nos representa a TODOS los argentinos. En la parte que me toca, me avergüenza.
Zurdo, delincuente y empobrecedor
Provengo de formación liberal y de derecha (de ultraderecha en algún tiempo). Pero educado en el uso de las filigranas del idioma, en el cultivo de la Palabra como amalgama social. Enemigo público de toda forma de censura y de todo tipo de dogma. Muchos somos los que tenemos un espíritu libre, como diría Juan: “«El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» (Jn. 3-8).
El Señor Jesús, fue un liberal absoluto. El primer feminista, incluso. Un tipo que no se privaba de nada: «Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores» (Mateo 11,18-19). De allí que nuestra formación de cuño eminentemente cristiano (no así católico, que es un reduccionismo del Evangelio), nos impone la solidaridad y la consideración con los que menos tienen, de modo que rechazamos absolutamente esta mentalidad anarcocapitalista donde el hombre se reduce a una estadística.
Hay que estar con algún deño cerebral serio para ser inmisericorde con el dolor ajeno; por eso, en el criterio de los libertarios quien tiene conciencia social es “zurdo”. Luego, soy zurdo.
Para Milei y sus fanáticos, el periodismo “en un 95%” es una cueva de delincuentes; por lo tanto, como alguien que ha hecho de este oficio una catequesis laica, soy delincuente.
Y por fin, para este gobierno dislocado -y alocado-, toda preocupación social es ser empobrecedor. La justicia social tiene una profunda raíz cristiana que abreva no sólo en el pensamiento de Jesús sino en la praxis comunitaria de la experiencia paulina: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3,10).
Porque Justicia Social no es el reparto indiscriminado de prebendas y subsidios a mansalva, como hizo el kirchnerismo; sino el reparto igualitario de oportunidades, para que cada uno según su carisma pueda ir creciendo, pero siempre produciendo.
De modo entonces, que a la luz de estas consideraciones y en el “pensamiento” del presidente Milei; si, lo confieso: Soy zurdo, delincuente y empobrecedor.