POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Nuestro producto editorial no es masivo, es verdad. Nuestros lectores pertenecen a un nivel social ABC1, tanto político como profesional y empresarial. Por eso la preocupación es más profunda y el síntoma es más grave.
Lo expreso desde la experiencia que recogemos del feedback de lo publicado. En la última nota titulada “Quebró la inmobiliaria: Se cayó la Ley de Tierras” e ilustrada con una foto de Ilon Mask tomando lo que sería la provincia de Salta, los libertarios -legisladores nacionales y algunos personajes conocidos de Salta-, reaccionaron diciendo cosas como “¿De dónde sacaste esa noticia?”; “¿Qué te está pasando?” o directamente “Dejá de inventar”.

Primero, no era una noticia sino un análisis pretendidamente político, lo cual ya nos anticipa el primer problema, no saben distinguir una noticia de un análisis que es algo elemental. Lo aprendimos en Quinto Grado del Colegio Belgrano. Luego, el demostrado sesgo de fanatismo ovejuno de todo libertario: no aceptan ninguna opinión contraria, lo cual devela un carácter autoritario y antidemocrático. Y por fin ¡Opinan sin leer la nota! Lo cual los pone a la altura de un kirchnerista que me lleva pensar que tienen dificultades para leer. Como el flamante auditor, Miguel Nanni, por ejemplo.
Esto último nos instala en un problema mucho más amplio, el problema no es sólo libertario sino generalizado y que noto se agravó en los últimos años: ha crecido la tendencia a opinar sólo desde un título. Si no saben leer una simple nota, menos podemos pensar que interpreten una idea política. Así votan.
Es decir, que no estamos solamente frente a un problema ideológico sino frente a una actitud mental: la cabeza ocupada por un maní.
Asistimos a la revolución tecnológica más grande de la historia y aquí buena parte de la “dirigencia” sigue discutiendo consignas.
El caso libertario es particularmente preocupante porque son el gobierno nacional y desde nuestra óptica la pregunta no es si Milei tiene razón o no. La pregunta es: ¿Qué están pensando nuestros legisladores nacionales para Salta en el mundo que viene?
Si leyeran los diarios solamente, no sólo los nacionales sino los del exterior (ahora existe una función que los traduce al español), se enterarían de que están ocurriendo cosas como que China redefine el comercio mundial; la inteligencia artificial redefine el trabajo y los algoritmos redefinen la política. La biotecnología redefine la salud y la automatización redefine la educación.
Y mientras todo esto sucede ¿cuál es el gran debate de nuestros representantes?: La reelección de Milei.
Hay una senadora nacional muy histriónica que aparece en los programas políticos más importantes de la televisión nacional a la que jamás le escuchamos decir ni una palabra sobre Salta. Todo se resume en lo que piensa -si es que piensa-, dice y hace “el presidente Javier Milei” (SIC). Del desafío geopolítico de Salta en la nueva era, del cambio que necesitamos en educación, de la minería, y de todo lo demás, nunca hemos escuchado nada. ¿Será que no sabe nada de todo esto? Convengamos que los que acompañan la troupe libertaria en el Congreso tampoco hablan de estas cosas.
Digo esto así, crudamente, primero porque es una verdad irrefutable y luego, no porque apoyar a Milei sea ilegítimo. Sino porque no puede ser la única idea.
Así, ser libertario en tiempos de la revolución del conocimiento debería significar discutir cómo formar a nuestros jóvenes para competir en una economía dominada por la inteligencia artificial. Debería significar debatir la inserción geopolítica del norte argentino en el corredor bioceánico -repito-. Debería significar analizar cómo proteger nuestra cultura, nuestros recursos estratégicos y nuestra capacidad de generar riqueza.
Pero en Salta hemos producido una curiosa mutación del libertarismo: dirigentes que no hablan de libertad, ni de innovación, ni de tecnología, ni de conocimiento. Hablan exclusivamente de Javier Milei.
Tampoco es problema que sean oficialistas, al fin de cuentas es la misma obligación que tienen otros con su ideología. El problema es que carecen de agenda propia. O en todo caso, nuestra, de Salta.
En la era de la inteligencia artificial, la incapacidad de comprender un texto ya no es un problema educativo. Es un problema político. Y no es un problema menor porque tenemos una “dirigencia” que está entrando en la sociedad del conocimiento, paradójicamente, dejando de valorar el conocimiento. Tiene una “monoidea”.
La imagen del maní en la cabeza, con toda su carga satírica y burlona, es la metáfora perfecta para abrir la discusión. No sobre la inteligencia de una persona en particular, sino sobre una época que, teniendo acceso a más información que ninguna otra en la historia humana, a veces parece empeñada en pensar cada vez menos.
Ya lo dice aquel viejo dicho: “Cuando todos están pensando lo mismo, es porque ninguno está pensando”. –
