¿Salta debiera tener un Ministerio o Secretaría de Inteligencia Artificial?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Entiendo que esta es una pregunta que amerita una reflexión profunda e indispensable para los tiempos que corren. Debemos plantearnos la necesidad de una Secretaría o Ministerio de Inteligencia Artificial con un enfoque filosófico, ético y pedagógico, porque el desafío que enfrentamos supera largamente a la mera capacitación instrumental o técnica.

Para los gobiernos y todos nosotros, la irrupción de la IA en nuestras vidas toca el núcleo de la discusión contemporánea sobre el futuro de la educación y el pensamiento crítico.

Debemos tomar conciencia de la diferencia que existe entre aprender a usar la herramienta y aprender a pensar la herramienta.

Actualmente, la mayor parte de las iniciativas gubernamentales y educativas se limitan al plano técnico: cómo escribir un prompt, qué programas utilizar o cómo automatizar tareas. Sin embargo, eso es adiestramiento, no formación.

Un enfoque filosófico sobre la cuestión nos interpela sobre la necesidad de una alfabetización crítica que interrogue a la IA, porque aquí está en juego la autonomía del pensamiento. ¿Qué está ocurriendo con la memoria cultural, la creatividad y la capacidad de síntesis propia cuando delegamos la cognición en un algoritmo?

Si no advertimos lo que está ocurriendo vamos camino a ser pueblos sin memoria, sin cultura y lo peor, sin pensamiento crítico (que poco tenemos ya).

¿Y los docentes?

El desafío mayor lo tienen los docentes que no deben convertirse en un cuerpo de programadores, sino en mediadores socráticos que enseñen a dudar, a verificar y a dialogar críticamente con las respuestas generadas por los modelos del lenguaje.

De otro modo, los docentes deben ir preguntándose si pertenecen a la última generación de educadores del siglo XX o si pretenden ser la primera del siglo XXI. En medio, está el riesgo de quedar fuera del sistema.

La atrofia cognitiva

La IA nos ha propuesto la disyuntiva de luchar por lograr una formación intelectual frente a la paradoja de la atrofia cognitiva. El gran peligro educativo de la IA no es que los alumnos no sepan usarla, sino que la usen como un sustituto del esfuerzo intelectual. Eso llevaría a “descartar” el cerebro como órgano del pensamiento y de paso al docente como educador del mismo.

Si la herramienta resuelve el análisis, la redacción y la estructuración del pensamiento sin mediación reflexiva, corre el riesgo de marchitar las habilidades cognitivas fundamentales (el pensamiento analítico, la argumentación lógica y la hermenéutica).

Una política pública provincial con sentido didáctico debe promover una «pedagogía del esfuerzo»: usar la IA como un interlocutor dialéctico o un borrador inicial, pero exigiendo al alumno el juicio crítico final, el rigor conceptual y el sello de su propio criterio.

La Ética, los sesgos y soberanía del pensamiento local

Para una provincia como Salta, con una rica tradición histórica, cultural y humanística, este debate adquiere una dimensión identitaria. Porque los modelos de lenguaje masivos responden a arquitecturas conceptuales, valores culturales y sesgos provenientes de sus centros de desarrollo (principalmente Silicon Valley). Necesitamos pensar con urgencia para Salta una orientación didáctica que forme a los jóvenes para identificar esos sesgos, cuestionar las verdades algorítmicas y evitar la colonización cultural o el aplanamiento del pensamiento crítico local.

La estructura institucional

En este punto juega su papel la necesidad de una Secretaría/Ministerio de Estrategia Cognitiva y Ética Digital. Si nos detenemos a pensar, no se trata de crear un organismo más para un recargado organigrama administrativo y un presupuesto comprometido. Se trata de crear una entidad pública con un rango intelectual y una visión de futuro superior a las demás.

No se trata de que sea mejor que las otras áreas sino distinta y con una gravísima responsabilidad, aquella de aconsejar a las demás, orientar, sobre los riesgos y probabilidades que se avecinan y advertirles que si no cambian estrategias y pensamiento se exhiben al peligro de un colapso al corto o mediano plazo.

La Misión

La misión de un organismo de estas características sería la diseñar la estrategia provincial para la integración humanista de la tecnología en el sistema educativo y social. En esa condición, pensar la función pedagógica proveyendo a las escuelas de marcos conceptuales y debates éticos, guías de buenas prácticas cognitivas y seminarios de filosofía de la tecnología.

Pero la misión más importante -y de allí su necesidad de que sea un organismo público- debiera ser la PROTECCIÓN DEL PENSAMIENTO, promoviendo una regulación preventiva frente a los riesgos de manipulación algorítmica, desinformación y pérdida de la privacidad cognitiva en los ámbitos escolares y ciudadanos.

Porque para esta era que ya comenzó, en Salta, hoy, debemos responder a una pregunta acuciante:  

¿Queremos usuarios de tecnología o mentes críticas en la era de los algoritmos?

En definitiva, necesitamos proteger, orientar desde el Estado las consecuencias de esta revolución mirando la cuestión desde un punto de vista ético que traslada la discusión del plano puramente utilitario al plano humanista, proponiendo que desde la función pública no solo se acompañe el cambio tecnológico, sino que se tutele la madurez intelectual de sus ciudadanos frente a él.

Si no comenzamos a pensar en las consecuencias éticas, morales, espirituales y cognitivas de este cambio, ocurrirá aquello que se atribuye a Albert Einstein: “El día en que las máquinas piensen por nosotros, el problema ya no será la inteligencia de las máquinas, sino la estupidez de los hombres.”

© – Ernesto Bisceglia