River, incluso derrotado agiganta su grandeza

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Perder un campeonato jamás convirtió en pequeño a River Plate. A veces ocurre exactamente lo contrario: sólo los gigantes pueden transformar una derrota en un acontecimiento nacional.

Porque el problema de River es ese: hasta cuando cae, sigue ocupando el centro del escenario argentino. Sus derrotas hacen más ruido que los triunfos ajenos. El país futbolero entero se reorganiza emocionalmente alrededor de River. Se festeja contra River. Se mide contra River. Se vive pendiente de River.

Eso no es un club. Eso es una obsesión colectiva.

El “Millonario” nació el mismo día que la Patria, el 25 de Mayo de 1901, y acaso heredó algo de esa desmesura argentina: grandeza, dramatismo, épica y una vocación incurable por lo monumental. Mientras otros equipos construyen identidad desde la resistencia o la picardía, River la construyó desde la ambición. Nunca quiso sobrevivir: quiso dominar.

Por eso el Monumental no es una cancha; es una declaración arquitectónica de soberbia futbolera. Allí no se va solamente a ver un partido. Se va a participar de una liturgia nacional donde el hincha riverplatense mantiene intacta una certeza aristocrática: el deber histórico de jugar bien.

Y eso, en el fútbol argentino -territorio donde muchas veces se celebra el empate miserable y la patada táctica como virtud moral-, resulta casi revolucionario.

Belgrano podrá haberle arrebatado un campeonato. No sería la primera vez que David hiere a Goliat. Pero las grandes instituciones no se miden por una tarde amarga sino por la dimensión de su legado. Y allí River juega solo.

Porque River no inventó únicamente títulos: inventó estilo. Alla vá, La Máquina. Labruna. Alonso. Francescoli. Gallardo. Una línea estética. Una manera de entender el fútbol como arte dramático antes que simple resultado.

Y después están ellos…. están los pobres boquenses.

Boca Juniors vive desde hace años una curiosa forma vicaria de felicidad: celebrar las derrotas de River con una intensidad emocional que ya ni siquiera exige triunfos propios. El hincha de Boca contemporáneo parece haber descubierto una metafísica novedosa: perder importancia deportiva pero conservar alegría gracias al infortunio ajeno.

Es una filosofía interesante. Casi franciscana.

“Privado últimamente de grandes epopeyas propias, el hincha de Boca ha desarrollado una espiritualidad alternativa: un monacato anti-River donde cada derrota millonaria adquiere la categoría emocional de milagro, reliquia y aparición mariana.”

Mientras River discute campeonatos, proyectos internacionales y hegemonías históricas, buena parte del universo boquense atraviesa semanas enteras produciendo documentales emocionales porque River empató en Córdoba o perdió una final.

Han convertido el resentimiento en deporte olímpico.

Y sin embargo, hay que comprenderlos con cierta ternura antropológica. Debe ser difícil convivir con la sospecha íntima de que el rival de toda la vida no es solamente un adversario, sino también el estándar cultural y futbolístico con el que inevitablemente se compara todo.

Así es, River pierde campeonatos, pero Boca, últimamente, festeja calendarios ajenos.

Como se ve, hay diferencias de categoría incluso en la tristeza. Los Millonarios, pueden padecer la tristeza unas horas…, para el boquense, ese es un sentimiento eterno. –

© – Ernesto Bisceglia

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