¿Está en sus cabales el Procurador de la Provincia?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

La pregunta no es una chanza ni un ataque a la persona del Dr. Pedro García Castiella, sino el reflejo de una meditación profunda que aguza una preocupación como ciudadano. La maravillosa posibilidad de poder expresar públicamente – “Urbi et Orbi”- no sólo lo que uno piensa sino ser a la vez la voz de muchos otros que desde su llanía no pueden hacerlo, convierte a estas líneas -quizás- en un acto de arrojo o en un acto de indolencia para el destinatario de este escrito; pero no es así, vale dejar en claro que más bien, es una atención cívica que desde las letras trata de advertirle al Señor Procurador que está corriendo con un tarro de nitroglicerina en las manos, material altamente inestable y que en cualquier momento, un mal movimiento, puede hacerlo volar.

Como actor de varias décadas de los medios de comunicación, uno aprende a comprender el valor de cada palabra pública. No sólo por cómo se la pronuncia, sino y sobre todo, por como el auditorio la interpreta.

Pondré un ejemplo – “Caso práctico”, diría el Padre Honorato Pistoia-, en cierta oportunidad en una conferencia pronuncié la expresión “Los Hermanos Masones”, que estaba dicha en un contexto explicativo, y al final derivó en una admonición por parte de una religiosa que tomó literalmente lo dicho difundiendo en la comunidad que el “Hermano Masón”, era yo.

De la misma manera, cuando el Procurador se repite en todos los medios explicando lo que no debe explicarse sino investigarse, termina logrando que la comunidad no comprenda nada y tome frases fuera de contexto, que al fin de cuentas, terminan dañando a la “Majestad de la Justicia”, y deteriorando aún más su ya vapuleada imagen.

Uno de mis maestros, el recordado y querido, Dr. Armando Raúl Bazán (entonces vicepresidente de la Academia Nacional de la Historia), que en su bohonomía respondía solícito a cada invitación para acompañarnos en Salta, en cierta oportunidad cuando lo invitara para hablarnos en una conferencia, me respondió: “Espéreme un poco, amigo Bisceglia. Uno no debe repetirse muy seguido”. Es que ya había venido un par de veces.

Con determinadas figuras públicas ocurre lo mismo. No deben repetirse en los medios porque sino su imagen comienza a perder valor y significado. Más todavía cuando se trata de un cargo de una naturaleza tan simbólica. La sobreexposición termina erosionando aquello mismo que se pretende fortalecer.

El rey, el papa, el juez supremo, el procurador, incluso el gobernador, dependen en parte de una cierta distancia simbólica. La autoridad es inversamente proporcional a la frecuencia de aparición pública de quien la ejerce.

El funcionario contemporáneo padece una enfermedad peculiar: cree que cada entrevista aumenta su prestigio, cuando en realidad muchas veces sólo incrementa su cotización transitoria en el mercado del chisme.

Toda figura pública posee un umbral óptimo de exposición. Traspasado ese límite, el prestigio comienza a depreciarse con la misma velocidad con que aumenta su presencia mediática.

Las grandes magistraturas son como las reliquias: deben exhibirse con prudencia. La exposición excesiva produce un fenómeno de inflación simbólica por el cual, a fuerza de verlo todos los días, el público termina por no verlo nunca.

Y lo peor de todo…, por no creerle nada de lo que dice.

¿Será Justicia?

© – Ernesto Bisceglia