El trabajo, la dignidad y la justicia social no son monedas de cambio del mercado

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

¿Por qué razón el proyecto libertario está destinado a fracasar? Porque contraviene la naturaleza de las cosas. Porque si neoliberalismo menemista atentó contra las leyes de la seguridad laboral y desmoronó las bases estructurales de la sociedad argentina, el anarcocapitalismo, detona las bases mismas del contrato social y su marco legal y territorial: El Estado.

Tal vez el pecado más gravoso del peronismo haya sido dignificar al trabajador pero desde una concepción equivocada de la justicia distributiva, porque no se trataba de distribuir bienes al pueblo sino oportunidades. Siempre que se reparten bienes se genera el algún punto una desigualdad. Pero cuando se distribuyen oportunidades se cumple el principio de igualdad que proclama la Constitución Nacional y se deja librado al juego de las capacidades personales el triunfo de los más favorecidos por sus aptitudes.

De todos los bienes necesarios en el orden social el trabajo opera en la base misma de la condición humana. El hombre es el único que trabaja. Se predica de algunas especies animales su laboriosidad, pero es instinto cíclico. El trabajo, en cambio, proporciona al hombre la oportunidad de cambiar su destino según la aplicación de su inteligencia, su competencia o habilidad para buscar mejores oportunides. Pero cuando se elimina el trabajo se deja al individuo expuesto a una intemperie que ni siquiera los animales sufren. Porque todo está sujeto a las leyes de la Naturaleza.

De allí entonces que debamos denunciar al anarcocapitalismo como la más excecrable de las ideologías puesto que al atentar contra la idea de Estado, de suyo destruye algo connatural al ciudadano como es la justicia social. Tampoco -hay que decirlo-, la justicia social es una panacea como los operó el peronismo, sino que es el equilibrio necesario de las condiciones legales, económicas y operativas para que cada hombre o mujer cumpla aquello que ya prescribía San Pablo: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.» (2Tes. 3,10).

Por lo tanto,  Trabajo, Dignidad y Justicia Social, constituyen el trípode sobre el cual se sostiene la grandeza de la Patria. Porque un país donde el trabajo se destruye, se hiere la dignidad del ciudadano y cuando miles quedan desempleados, se prostituye a la Nación, porque cada fuente laboral destruida consuma la célula que va formando el tumor que luego producirá la metástasis de la sociedad.

Es un acto criminal, de lesa Patria, destruir el Estado para entronizar al Mercado. Porque no sólo se avasallan los derechos fundamentales de los ciudadanos sino que se atenta contra las Instituciones de la República. Si no hay Estado, entonces habrá empresa muntinacional. Si no hay presidente, entonces habrá gerente, y si no hay contrato social que proteja el trabajo, la dignidad y la justicia social, entonces no hay país, sino un vasto territorio habitado por esclavos.

Porque cuando el trabajo deja de ser derecho para convertirse en variable de ajuste, la dignidad se negocia y la justicia social se evapora.


Y en ese punto, ya no estamos discutiendo un modelo económico: estamos asistiendo, en silencio, a la disolución de la Nación.

Vergüenza ajena: Milei del líder al agitador – Ernesto Bisceglia – Editorial

¡Dejémonos de joder! Volvamos al periodismo – Ernesto Bisceglia – Editorial

Salta, esa fundación necesaria… ¿Pero para qué? – Ernesto Bisceglia – Editorial