POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Debo admitir que, a priori, abordar una exégesis del término ‘Neuroperonismo’ y jugar con neuronas y doctrina se presenta como una contradicción empírica. La palabra impresiona: tiene algo de laboratorio de Silicon Valley, algo de neurociencia y algo de unidad básica con wifi.”
Sin embargo, el término tiene antecedentes y sustento histórico. Conocí personalmente en mis años jóvenes por razón de un tumor cerebral de un allegado al Dr. Raúl Matera, quien lo operó. Un hombre afable, sencillo, como le corresponde a los grandes espíritus. Matera fue un celebrado médico neurocirujano estrechamente ligado al peronismo. Según trabajos académicos sobre el peronismo de los años 60, Perón habría jugado con las palabras “neurocirujano” + “neoperonista” y habría bautizado irónicamente al Dr. Matera como “neuro-peronista”.
Décadas más tarde, ese término aparece ahora en las redes sociales como un intento de pensar el peronismo en tiempos de inteligencia artificial, tecnología, neurociencias y nuevas formas de comunicación política.
El problema comienza cuando uno mira la política argentina y la de Salta en particular y no puede menos que preguntarse dónde está la parte neuro.
Porque para hablar de neuronas hay que suponer, al menos, cierta actividad cerebral. Y para hablar de peronismo habría que encontrar alguna idea de aquello que alguna vez fue el peronismo.
Vivimos la gran paradoja de vivir en tiempos donde el conocimiento universal se traslada en nuestros bolsillos en nuestros móviles y sin embargo, observamos a los concejales, a los diputados y no pocos funcionarios y nos asalta la duda si acaso terminaron siquiera el secundario. Los vemos incapaces de leer un párrafo (no sabemos si comprenderlo también) y tan faltos de información que convierten a las sesiones en discusiones propias de una fonda.
Y ahí empieza el verdadero misterio científico.
Tenemos el prefijo neuro, tenemos el sustantivo peronismo, tenemos inteligencia artificial, algoritmos, redes neuronales y hasta inteligencia natural. Pero lo que todavía no hemos conseguido encontrar con certeza son las neuronas.
Y del peronismo original, bueno… parece que tampoco queda demasiado. En todo caso y echando un manto de piedad podríamos hablar de un “neoperonismo”, pero de allí a un “neuroperonismo”, nos sobreviene una duda que ni siquiera el mismo René Descartes podría ayudarnos a solventar.
El lector desprevenido o el peronista fanatizado podrán tacharme de “fascista”, “oligarca” o algo parecido, pero deberán estos compañeros hallarme razón en que quizás, después de todo, el neuroperonismo sea la primera doctrina política de la historia construida alrededor de dos cosas que cuesta muchísimo encontrar: las neuronas y el peronismo.
“Neuroperonismo” o cuando hasta el peronismo necesitó una neurona
Si apelamos al método de la razón pura, tal como lo expone Immanuel Kant en la Crítica de la razón pura, comprobaremos que no estoy desarrollando una chanza ni ejercitando pullas y menos una mofa hacia el peronismo, sino que trato de que juntos razonemos -meditemos- sobre el estudio crítico de los límites y las reglas de la mente humana. Esto ha quedado debidamente explicado en el párrafo desrito “ut supra”.
Para traducirlo al criollo, no nos hallamos frente a una chicana, sino que basamos la cuestión en la etimología del término “neuroperonismo”, definimos -con fuentes- quién lo fundó y tratamos sí, de analizar cómo reaparece ahora con la presencia de la IA y a la luz de las neurociencias. Esto queda claro y preciso.
No obstante, desde un punto de vista empírico-social, parece que nos halláramos frente a un concepto que a la luz de los hechos y los protagonistas podría titularse de esta manera: “Neuroperonismo: anatomía de una contradicción”.
Porque aplicando el método del razonamiento científico, una autopsia del término nos lleva a una conclusión inquietante: todo esto sería fascinante si pudiéramos encontrar aquello que ambos componentes prometen: actividad neuronal y peronismo.
Para probar mi hipótesis, he de preguntar, por ejemplo: ¿Qué dirigente peronista en los últimos tiempos ha desarrollado una teoría política que tenga los alcances hasta proféticos -si se quiere- que demostró el General Perón? ¿Dónde está ese trabajo? Podemos preguntar también: ¿Qué adelantos sociales ha logrado algún dirigente peronista en los últimos tiempos desde un cargo público? Y para no abundar, inquiero: ¿Qué dirigente peronista se ha pronunciado sobre cómo “agiornar” la doctrina en relación con el cambio global y el nuevo paradigma geopolítico?
Tal vez, distraído como soy no he dado con ese dirigente ni sus trabajos académicos o sencillamente político-sociales.
Quizás el neuroperonismo no sea una nueva corriente política. Tal vez sea apenas el intento desesperado de demostrar que todavía queda alguna neurona funcionando dentro del peronismo.
O más aún, demostrar que aún queda funcionando el peronismo. –
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