POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Lo que alguna vez fue la política como una actividad seria de ciudadanos comprometidos con su sociedad hoy se ha reducido a un meme. En realidad, el problema no es que se haga una broma con tres dirigentes. La cuestión de fondo es otra: cuando un Movimiento político con la historia, la densidad doctrinaria y la capacidad transformadora que tuvo el peronismo termina discutiendo su futuro a través de personajes caricaturescos, internas de aparato y alineamientos coyunturales, algo se ha roto.
Perón construyó un Movimiento que discutía un modelo de país. Hoy gran parte del peronismo -y no sólo el peronismo, los libertarios más aún- parece sólo discutir cargos, sellos y candidaturas. Mientras tanto, el mundo debate inteligencia artificial, biotecnología, reorganización del trabajo, el ascenso de Asia y la crisis de las democracias liberales. La distancia entre los desafíos del siglo XXI y el debate político argentino es abismal.
Incluso diré más, el problema tampoco son específicamente Cúneo, Larry de Clay o Kicillof. El problema es que nadie parece preguntarse qué significa ser peronista en 2026. ¿Cuál es la doctrina frente a la revolución tecnológica? ¿Qué dice el justicialismo sobre la automatización del trabajo? ¿Cuál es su proyecto productivo? ¿Qué propone para el federalismo? ¿Cómo piensa la educación en la era de la inteligencia artificial?
Sin respuestas a esas preguntas, el peronismo corre el riesgo de convertirse en una identoidad sentimental antes que en una propuesta política. Y cuando un movimiento deja de producir ideas, inevitablemente empieza a producir caricaturas.
En otros tiempos, cuando existía una dirigencia que venía de las bases, el peronismo quería tomar el poder para cambiar el país. Ahora, algunos parecen querer tomar el partido para administrar la nostalgia. Y por supuesto, lucrar con las banderas y el sentimiento del verdadero pueblo peronista.
Y allí está el drama de esta sociedad. No sólo del peronismo sino de toda la política argentina. Porque mientras nosotros discutimos quién es Larry, quién es Curly y quién es Moe, el mundo ya está jugando otro partido. Y no nos está esperando.-
