Vaqueros: ¡Habemus puente!

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Durante años, el puente de Vaqueros fue una de esas promesas que sobreviven a los gobiernos, a las elecciones y hasta a la paciencia de los pueblos.

Se hablaba del puente. Se mostraban planos. Se señalaban trazas con el dedo. Se reunían funcionarios alrededor de dibujos donde unas líneas parecían explicar el futuro. Hubo anuncios, fotografías y discursos.

Pero había un pequeño inconveniente: el puente no estaba.

Hasta que llegaron las máquinas. Y entonces ocurrió aquello que en la administración pública suele parecer un milagro: el dibujo comenzó a convertirse en hormigón, el hormigón en estructura y la estructura, finalmente, en camino.

Anoche, Vaqueros cruzó por primera vez su nuevo puente.

Y conviene decirlo sin mezquindades políticas: cuando una obra queda terminada, deja de pertenecer al funcionario que la inauguró para empezar a pertenecer a la gente que la utiliza. Aunque algunos sigan creyendo que el cemento también puede convertirse en votos.

El viejo compañero

Mientras el nuevo puente se iluminaba, a pocos metros seguía allí el viejo puente metálico, guardando en su silencio metálico las anécdotas de varias generaciones de salteños que lo cruzaron.

Y uno no puede mirarlo sin cierta nostalgia.

Durante más de un siglo -con las reformas, modificaciones y sucesivas vidas que tuvo- fue mucho más que una estructura para cruzar el río. Fue parte del paisaje y de la memoria de Vaqueros.

Por allí pasaron camiones cargados de áridos que hacían temblar sus hierros. Automóviles. Bicicletas. Escolares. Vecinos. Apurados. Enamorados. Y también algún que otro político camino a una fotografía.

Cuando el río Vaqueros crecía, el puente parecía ponerse a prueba consigo mismo. El agua llegaba a acariciar la carpeta asfáltica y golpeaba debajo con esa fuerza que tienen los ríos cuando recuerdan que, antes que camino, fueron naturaleza.

Y el puente resistía… Hasta ayer.

Ahora será desplazado unos metros para permitir la construcción de la otra mano de la nueva traza, que continuará hacia la rotonda y de allí bordeando el río hasta el puente Wierna. El viejo no desaparecerá. Pero dejará de ser protagonista, como ocurre con casi todo aquello que alguna vez fue imprescindible.

El nuevo puente es apenas el principio

La nueva obra resuelve una necesidad vial largamente postergada, mejora la circulación y modifica sustancialmente el acceso a Vaqueros. Pero también plantea una pregunta que debería ser bastante más importante que cualquier fotografía de inauguración:

¿Qué va a hacer Vaqueros con el nuevo Vaqueros que comienza a aparecer alrededor de este puente?

Porque una obra vial no es solo una política de desarrollo, es apenas la condición para que esa política pueda existir.

Vaqueros tiene paisaje, río, cerros, historia, cercanía con la ciudad y una identidad propia que todavía no ha terminado de transformarse en una verdadera política turística. Tiene, además, una oportunidad que muchos pueblos quisieran tener: crecer sin dejar de ser pueblo.

Y allí aparece la segunda parte de la obra, que no se construye con máquinas.

Hay que pensar en turismo. En gastronomía. En espacios públicos. En circuitos culturales. En identidad local. En servicios. En una planificación urbana que acompañe el crecimiento y no llegue detrás de él, cuando ya sea demasiado tarde.

Porque el progreso tiene una curiosa costumbre: cuando llega, también trae problemas nuevos: Más tránsito. Más población. Más demanda de servicios. Más presión inmobiliaria. Más negocios. Más oportunidades y, también, más riesgos.

Por eso el puente no debería ser visto solamente como una solución para entrar y salir de Vaqueros. Debería ser entendido como una puerta; y las puertas tienen sentido solamente cuando alguien sabe qué hay detrás de ellas.

Anoche se inauguró el puente. La obra está. La fotografía también. Los discursos ya fueron pronunciados. Ahora comienza lo verdaderamente difícil.

Pensar qué hacer con todo esto. Porque, después de todo, hay cosas que cuestan más que construir un puente.

Una de ellas es construir las ideas para cruzarlo.

© – Ernesto Bisceglia

Fotos: Crédito El Tribuno