¿Y cuándo llega el fin de los tiempos? “Escucharán rumores de guerras, desastres, hambrunas…”

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

El mundo escucha tambores de guerra aquí y allá. La Tierra se sacude; en las últimas horas se registraron nuevos terremotos de gran magnitud. Desplazamientos de poblaciones, inundaciones, advertencias sobre nuevas pandemias. Y todo parece recordar aquellas palabras de Jesús cuando sus discípulos le preguntaron cuándo sería el fin: “Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca…” (Mt. 24, 4-8). Pero inmediatamente advierte: “Todavía no es el fin”.

En las últimas horas se desparrama el rumor de que sería inminente un ataque de Rusia a Inglaterra; hay movilizaciones en Francia y Alemania e inquietud en los Balcanes. Ahora bien, una revisión de fuentes británicas, Reuters, la OTAN y las propias declaraciones rusas permite comprobar que los rumores no nacen de la nada, pero afirmar que “Rusia va a atacar Inglaterra” es, por ahora, demasiado categórico.

Lo que realmente está ocurriendo

El 27 de agosto de 2026, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, lanzó una dura advertencia contra el Reino Unido. Moscú afirmó que podría atacar objetivos militares británicos dentro y fuera de Ucrania en respuesta a ataques ucranianos con misiles británicos Storm Shadow. Se trata de una escalada significativa en la retórica rusa contra Londres.

El Reino Unido, entretanto, amplió su cooperación militar con Ucrania, incluyendo la transferencia de tecnología para que ese país pueda producir sus propios misiles de largo alcance. Moscú calificó esta decisión de “jugar con fuego” y sostuvo que Gran Bretaña está cada vez más involucrada directamente en la guerra.

Londres también reforzó su preparación para posibles escenarios de conflicto mediante una política de “home defence”, mientras continúan las denuncias sobre una guerra híbrida que incluiría ciberataques, sabotajes, espionaje y operaciones de desinformación.

Pero el 29 de agosto, el presidente finlandés Alexander Stubb declaró que no considera probable, en las actuales circunstancias, que Rusia ataque a un país de la OTAN, aunque advirtió que la amenaza debe tomarse seriamente.

El festival del Apocalipsis

Todo esto ha desatado un festival de profetas, gurús y “ascendidos” en las redes sociales que pronostican la inminencia del Apocalipsis. No faltan las interpretaciones caprichosas del Libro de la Revelación ni quienes encuentran en cada guerra, terremoto o epidemia una nueva señal del fin.

Estos charlatanes suelen olvidar una frase fundamental de aquella advertencia de Jesús: “No se alarmen” (Mt. 24, 6).

Si revisamos con cuidado la historia de la humanidad durante los últimos dos mil años, comprobaremos que, según cada época, el mundo estuvo varias veces al borde del supuesto “fin de los tiempos”. La diferencia actual es que nunca antes tuvimos semejante sobreabundancia de información y, paradójicamente, tan poca capacidad para comprenderla. El resultado es una humanidad que recibe en tiempo real cada catástrofe del planeta y termina sintiendo que todas ocurren simultáneamente sobre su propia cabeza.

Los dolores de parto

En el mismo pasaje de Mateo, Jesús dice que todo esto será “el comienzo de los dolores”.

La metáfora del parto cambia completamente la lectura. El dolor no significa necesariamente destrucción; puede ser también el proceso difícil que precede a un nacimiento.

Y unos versículos después aparece otra advertencia: surgirán falsos profetas y habrá engaño. El problema, entonces, no es solamente aquello que ocurre en el mundo, sino también nuestra necesidad de encontrar inmediatamente una explicación definitiva para aquello que no comprendemos.

Quizá el problema no sea que estemos viviendo el fin de los tiempos. Quizá estemos viviendo tiempos en los que hemos perdido la capacidad de distinguir entre una crisis histórica y el fin de la historia.

Porque el verdadero problema de nuestro mundo no son solamente las calamidades. Es también la pérdida de la esperanza.

Las crisis, tanto globales como personales, no significan necesariamente el final de una persona ni el final del mundo. Pueden ser también la prueba de nuestra capacidad para emerger de ellas renovados y, con las experiencias amargas, reconstruir un mundo propio y comunitario que sea mejor.

Porque quizá el fin de los tiempos no sea aquello que ocurre cuando el mundo atraviesa una crisis.

Quizá el verdadero final comienza cuando el hombre deja de creer que después de la crisis todavía es posible volver a empezar.

© – Ernesto Bisceglia