El corazón y la cuestión social: Hábitos de vida como reflejo de nuestra sociedad

POR: Dr. JUAN MANUEL COPA – www.ernestobisceglia.com.ar

Como médico cardiólogo habitualmente me consultan si las condiciones políticas y económicas de la sociedad influyen en el corazón. La respuesta corta es que sí. Pero la pregunta trae implícita la posibilidad de un análisis más largo y profundo sobre nuestra sociedad.

La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en el mundo, y tiene como factores desencadenantes un conjunto de variables (genética, inmunológica, metabólica, ambiental) de la cual los hábitos de vida son su principal responsable. Es decir las acciones diarias y cotidianas que las personas desarrollamos (alimentación, actividad física, consumos, descanso, recreación) tienen un papel central en nuestra salud y expectativa de vida. Por eso decimos que el 80% de esas enfermedades pueden prevenirse.

Esto adquiere mayor profundidad cuando analizamos el rol del estrés y de la esfera psicológica. El binomio cuerpo-mente, durante mucho tiempo pensado como dos dimensiones separadas, hoy se entiende de otra manera: salud mental y salud cardiovascular mantienen una relación bidireccional. Tal es así que el estrés psicológico sostenido activa mecanismos inflamatorios que se asocian con un mayor riesgo cardiovascular, y al mismo tiempo promueve hábitos no saludables, con un círculo vicioso que puede cronificarse en el tiempo.

Ahora bien, estos hábitos de vida se desarrollan dentro de un entramado específico: la cuestión social, entendiendo a esta como el escenario histórico-político-económico social concreto donde se producen las múltiples vivencias colectivas que interpelan y producen subjetividad. El trabajo y el desempleo, los ingresos, el acceso a una vivienda, a la educación, la salud, la alimentación… son algunas de las problemáticas sociales que pueden generar o intensificar situaciones de estrés y malestar psicológico, y también intervenir en la construcción de nuestros hábitos.

No existe vida cotidiana sin sociedad. Comemos, descansamos, trabajamos, nos movemos y nos recreamos todos los días, pero ninguna de esas acciones ocurre completamente por fuera de las condiciones en las que vivimos.

Esto no significa que la enfermedad cardiovascular tenga una causa exclusivamente social. Tampoco que las personas carezcan de responsabilidad sobre sus propias decisiones. Significa algo más sencillo y, a la vez, más incómodo: nuestras decisiones están atravesadas por condiciones que muchas veces exceden nuestra voluntad individual.

Entonces sí: las condiciones políticas y económicas de la sociedad influyen en el corazón. Y son esas mismas condiciones las que nos convocan a dejar de mirarlas como algo ajeno y empezar a discutirlas.-