POR: ANA CECILIA BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Durante los últimos días conocimos los primeros balances de la temporada de invierno y, afortunadamente, las noticias fueron alentadoras. Más de 267.000 turistas visitaron la provincia según los datos publicados, algunos destinos alcanzaron niveles de ocupación superiores al 70 % y el movimiento económico volvió a demostrar la enorme importancia que tiene el turismo para Salta.
Es una buena noticia, claro. Siempre y cuando tengamos en cuenta que los datos fueron tomados con responsabilidad.
Y también es un buen momento para detenernos a pensar qué hacemos con esa información. Porque una buena temporada no debería convertirse únicamente en un motivo para celebrar. Debería transformarse en una oportunidad para aprender. Cada dato que deja una temporada representa una herramienta para tomar mejores decisiones y comenzar a construir la siguiente.
Hoy sabemos cuántas personas nos visitaron. Sabemos cuáles fueron los destinos con mayor ocupación. Conocemos el impacto económico que generó la actividad y contamos con información que hace algunos meses todavía estábamos esperando.
Entonces, ahora. ¿Qué aprendimos? ¿Sabemos por qué algunos municipios crecieron más que otros? ¿Qué experiencias fueron las más elegidas? ¿Qué actividades lograron extender la permanencia de los visitantes? ¿Qué dificultades manifestaron los empresarios? ¿Qué reclamos hicieron los turistas? ¿Qué aspectos todavía necesitan fortalecerse?
Esas respuestas son tan importantes como los propios números, por que el valor está en aprender a utilizar estos datos como base de mejora y proyección hacia lo que viene.
Justamente aquí comienza el trabajo más importante.
Mientras todavía celebramos una buena temporada de invierno, ya deberíamos estar pensando en la próxima. El calendario turístico no se detiene. En pocas semanas comenzará el tiempo del Milagro, luego llegarán los eventos de primavera, las vacaciones de verano y una nueva oportunidad para seguir posicionando a Salta como destino.
Pero esas temporadas no pueden empezar a planificarse cuando faltan pocos días para su lanzamiento.
Empiezan analizando qué funcionó y qué no, escuchando al sector privado, a los municipios y a quienes estuvieron en contacto directo con los visitantes.
Empiezan revisando promociones, fortaleciendo productos turísticos, diseñando nuevas experiencias y comunicando con la anticipación suficiente para que cada empresario pueda prepararse.
Porque el turismo no se construye de una temporada a otra, sino durante todo el año.
Y quizás esa sea una de las enseñanzas más importantes que nos deja este invierno: cuando existe trabajo conjunto, planificación y compromiso, los resultados llegan.
Ahora el desafío es todavía mayor. Es no conformarnos con una buena temporada y utilizarla como el punto de partida para que la próxima sea aún mejor. Porque el verdadero éxito del turismo no consiste en celebrar un buen invierno, consiste en que cada temporada nos encuentre más preparados que la anterior.
