POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Aquella Salta que dio al país y al mundo los exponentes más altos de cultura en todos los campos, hoy es un páramo intelectual. ¿Qué nos ha pasado? No hay terreno donde no se mire y hallemos sólo decadencia. ¿Acaso el catecismo ha vencido a Voltaire? ¿Por qué no podemos salir de una media de discusiones terriblemente mediocre? Discutimos solamente el aquí y el ahora. ¡Incluso el pasado!
Mientras los gobiernos más adelantados están hoy debatiendo cómo sera la configuración del poder dentro de dos o cinco años, aquí continuamos utilizando los espacios públicos para tensar rencillas personales de personajes de poca monta. Frente a los grandes temas que plantea hoy el cambio de paradigma universal, en Salta, los debates se rasan al nivel de chimentos de vecinas barriendo la vereda.
En nuestra nota «¿Está preparada la Constitución de Salta para la Inteligencia Artificial?“ hemos planteado un problema que ya tenemos: los nuevos derechos y oligaciones de los ciudadanos y las consecuencias del cambio global en que ya ingresamos y me alarman las respuestas, sobre de todo de personajes tenidos por “importantes” en la política y en la sociedad. Si se me permite la analogía, es como si advitiéramos sobre el riesgo de un tsunami y la respuesta fuera una discusión sobre el color de los salvavidas.
Frente a lo que está ocurriendo, en Salta, continuamos preservando un pensamiento aldeano. La gran mayoría parece tomar a la IA como una curiosidad tecnológica; escribe textos y genera imágenes, es como estar en la primaria aprendiendo a leer, cuando en realidad esto ya no es una cuestión tecnológica sino civilizatoria.
Repasemos la historia: la imprenta modificó la religión, la política y el conocimiento. La máquina de vapor modificó la economía. La electricidad modificó la industria. Internet modificó las comunicaciones. Pero la IA está modificando el trabajo, la educación, la información, la política, la justicia y ahora la guerra. Pero hay más, la IA está modificando la propia noción de autoría y responsabilidad humana.
El mundo está haciendo todos los méritos para estallar y aquí no llegamos al Renacimiento.
Mientras leemos que la Tierra -y en esto habrá que buscar la voz autorizada del Dr. Ricardo Alonso– ha comenzado un proceso de movimientos tectónicos que anuncia grandes terremotos aquí y allá, en Salta seguimos apostando a fuerzas sobrenaturales que mantendrán fijos nuestros suelos. Racionalmente, creo, que no tenemos mucha distancia con aquellos incas que subían a las montañas a ofrecer sacrificios para lograr una buena cosecha.
Porque nuestros vecinos chilenos y brasileños -a quienes graciosamente se insulta- ya comenzaron a formularse estas preguntas en las universidades y centros de investigación. Aquí todavía estamos intentando convencer a muchos de que las preguntas existen.
Cuando uno percibe una tormenta en el horizonte, resulta inquietante descubrir que la conversación pública sigue concentrada en el estado de las macetas.
Monseñor, Justo Oscar Laguna, nos enseñaba que “La forma de ser culto es leer los diarios”. Es una fórmula de una enorme simplicidad pero de un contenido muy profundo. Lo veía a Monseñor Laguna volver del quiosco portando a diario una enorme cantidad de periódicos. Hoy ni siquiera eso hace falta: en una hora podemos leer los diarios locales, nacionales y los del exterior. Revistas especializadas y ayudarnos -precisamente- con la IA, para profundizar los temas que nos llaman la atención. No hay que ser académico para eso, simplemente curioso.
Un ejemplo creo que resulta didáctico. Todos los medios se ocuparon del insulto de Milei a Lula, pero nadie parece haber pensado en el porqué de esa “misse en escena”. Detrás se esconde la necesidad de Estados Unidos de alinear a Brasil en su cruzada internacional porque el país carioca es un pilar importante de los Brics.
En esta aldea, en ocasiones me siento como Sócrates cuando dijo: «He sido puesto por los dioses sobre la ciudad como el tábano sobre el caballo para picarlo y mantenerlo despierto».
No pretendo tener razón. Apenas pretendo que despertemos antes de que sea demasiado tarde.
