Un Cacho de Cultura: El Vals del Murciélago como final de una cena elegante

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Si uno no ha compartido una cena con la cristalería de la abuela mientras sonaba el concierto Nro. 21 para piano de Mozart, con una bella dama, y luego ha bailado el Vals del Murciélago en el living, no conoce los placeres de la vida y del espíritu.

Porque la música de la opereta de Johann Strauss no tiene absolutamente nada de terror; al contrario, es una celebración del humor, el disfraz, el champagne y la Viena más luminosa.

Pocas obras representan mejor el espíritu festivo de la Viena imperial que Die Fledermaus (El murciélago), la opereta más célebre de Johann Strauss II, el indiscutido «Rey del Vals». Estrenada en 1874, combina humor, enredos amorosos, identidades falsas y una música de irresistible elegancia.

Aunque se la recuerda por sus brillantes valses y polcas, la obra es también una fina sátira de la alta sociedad vienesa, donde el disfraz permite que nobles, burgueses y sirvientes jueguen, por una noche, a cambiar de identidad. Todo transcurre en un ambiente de bailes, champán y celebraciones, hasta que la verdad termina imponiéndose… con una sonrisa.

La música de Strauss despliega ese inconfundible ritmo de tres tiempos que convirtió al vals vienés en un símbolo universal de refinamiento y alegría. Escuchar Die Fledermaus es viajar a una época en la que la elegancia parecía danzar al compás de una orquesta.

Más de ciento cincuenta años después de su estreno, esta opereta sigue llenando teatros de todo el mundo y recuerda que, a veces, el mejor modo de retratar a una sociedad es hacerlo con humor, ironía… un vino fino y un magnífico vals.

© – Ernesto Bisceglia

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