El Vicario Julián Toscano: El primer periodista de Cafayate

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

El periodismo no es sólo el registro de la coyuntura; es, fundamentalmente, un acto de fundación cultural. Por eso, al conmemorarse un nuevo Día del Periodista, la mirada calchaquí no sólo debe dirigirse a los próceres de la llanura porteña, sino a aquellos hombres que comprendieron que la palabra impresa era el único camino para arrancar a los pueblos del aislamiento y la postergación. En el altar de esos pioneros, la figura de Monseñor Julián Toscano agiganta su silueta no sólo como pastor, sino como el primer periodista de Cafayate.

Cuando el Vicario Toscano llegó a esas tierras en 1875, encontró un panorama de aislamiento geográfico y cultural que hubiese desanimado a cualquiera. Lejos de conformarse con la rutina del templo, su mente ilustrada -perteneciente a una generación de sacerdotes científicos e historiadores- entendió que para elevar el alma del pueblo primero había que nutrir su intelecto.

Así nacieron la primera Biblioteca Pública de la localidad y, su obra cumbre en las letras libres: el semanario El Progreso.

La tinta como herramienta de civilización

Toscano no concebía el progreso material sin el desarrollo del pensamiento crítico. Con la fundación de El Progreso, Cafayate ingresó formalmente a la modernidad del siglo XIX. Aquellas páginas no sólo llevaban las novedades parroquiales, sino que eran un foro de debate, un registro de la arqueología calchaquí que él mismo investigaba, y una ventana al mundo.

Imaginar al Vicario revisando las galeras de imprenta, oliendo a tinta y ordenando los tipos móviles en el mismo pueblo donde la legendaria «Imprenta de la Patria» hallaría su destino, es una postal de la resistencia cultural. Toscano demostró que el periodismo de trinchera, hecho en el interior profundo, tiene la misma dignidad y peso histórico que las gacetas de las capitales.

Firma de Monseñor Julián Toscano

Las cinco naves del espíritu

Existe una simetría perfecta entre el Toscano periodista y el Toscano constructor. El hombre que moldeaba la opinión pública con el papel fue el mismo que miró la antigua capilla en ruinas y decidió que Cafayate merecía un templo monumental. Con el esfuerzo de toda la comunidad, y bajo la dirección de los arquitectos catalanes Coll y Viladrich, levantó la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, consagrada en 1895.

Allí está su milagro arquitectónico: la segunda catedral en Sudamérica con cinco naves. Una estructura colosal que desafiaba la gravedad y el escepticismo de la época. Hay una lección oculta en esa obra: las mismas cinco naves que sostienen el techo de la fe calchaquí, representan las columnas de la civilización que él sembró a través de sus libros como su fundamental La Región Calchaquina y de su periódico.

Un faro para el presente

Monseñor Julián Toscano falleció dejando un legado de ladrillos, pero sobre todo, de ideas. Su periodismo no buscaba el aplauso fácil ni el beneficio económico; buscaba, como lo indicaba el nombre de su pasquín, el progreso humano.

Este 7 de junio, al rescatar su memoria como el primer periodista de Cafayate, hacemos algo más que un acto de justicia histórica. Recordamos que la prensa en el norte nació con vocación de grandeza, unida a la cultura, a la identidad de la tierra y al coraje de construir donde no había nada.

En su memoria, aspiramos a que el eco de sus rotativas manuales y el silencio imponente de sus cinco naves nos devuelvan la seriedad y el compromiso que el oficio tanto necesita. –

© – Ernesto Bisceglia