POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
El gobierno de Javier Milei parece empeñado en erosionar la simbología y los valores del imaginario colectivo argentino, alcanzando incluso el valor espiritual de los actos solemnes como el Te Deum. Esta expresión, proveniente del latín «Te Deum laudamus» («A ti, Dios, te alabamos”), da nombre a uno de los himnos cristianos más antiguos y tradicionales, compuesto originalmente en el siglo IV y atribuido a San Ambrosio y San Agustín.
En la tradición política argentina, el Te Deum es un acto oficial de acción de gracias de pueblo y gobierno al Altísimo. Posee un profundo sentido espiritual y patrio, por lo que se celebra cada 25 de Mayo y 9 de Julio. El primero de nuestra historia se realizó en mayo de 1810 en la Catedral de Buenos Aires, justamente para agradecer el nacimiento de la Primera Junta de Gobierno.
Para la gestión libertaria esa tradición -como tantas otras- parece carecer de valor institucional; la ha convertido en un escenario político-discursivo donde se evidencia quiénes son los “llamados al banquete” y quiénes los marginados. Se desvirtúa así un símbolo de unión, exponiendo que para el oficialismo es más importante mantener activos a sus enemigos públicos.
Ya se ha visto esta dinámica al dinamitar puentes con quienes consideran “impuros”, y este año se profundizó al marginar de hecho a la vicepresidente de la Nación, Victoria Villarruel, manifestando públicamente un desdén por las formas de las Instituciones de la República. Un síntoma de pensamiento autocrático y sectario.
Una homilía con un profundo metamensaje político y social
Este pasado 25 de Mayo, Monseñor Jorge García Cuerva no se limitó a la habitual retórica de la unidad nacional, sino que apuntó a desarmar la lógica de la confrontación justo frente a la primera fila del poder político.
En primer lugar, alertó sobre el riesgo del “desmembramiento social” y la instalación de la cultura del “sálvese quien pueda”. El prelado advirtió sobre la ruptura del tejido comunitario al denunciar al individualismo extremo y a las lógicas facciosas que están degradando la idea misma de Nación, reduciéndola a una mera «suma de individuos en un mismo territorio».
El segundo punto abordado por el obispo es más punzante aún porque contiene una fuerte carga de denuncia social: describió la realidad de millones de argentinos que sufren parálisis en sus oportunidades, educación, empleo y dignidad, exigiendo soluciones concretas y urgentes.
Y por fin, abordó un tema urticante: la violencia digital, el hostigamiento y la agresión verbal. La interpelación de García Cuerva a “desarmar el lenguaje” renunciando a las calumnias e insultos fue un cross directo al mentón de la cúspide del poder, que pasa horas navegando por las redes sociales repartiendo descalificaciones. Para el clérigo, esto opera como un factor real de fragmentación que “debilita la cohesión ciudadana cotidiana”.
El núcleo crítico del mensaje
El prelado propuso cuatro pilares sobre los cuales sostener la recuperación de la sociedad argentina. El primero es el Bien Común, una idea ausente en el dogma libertario; cuando se rechaza la justicia social, se extirpa el concepto mismo de comunidad. En clara alusión a los jubilados, niños, enfermos y trabajadores informales, García Cuerva definió que «nadie es descartable ni desechable».
El segundo pilar es el diálogo. Aprender a escuchar al otro es la más cristiana de las actitudes. Jesús caminaba escuchando a su pueblo, enraizado en su propia tradición. “Nadie es dueño de la verdad”, sentenció el obispo.
El tercer pilar es la “Amistad social”, que nos remite al sentido gregario de la solidaridad como amalgama del cuerpo social: «nadie se salva solo», dijo citando al Papa Francisco.
Y por último, el gran pilar motor: la Esperanza. Nuestra matriz cultural es de origen judeo-cristiano, y el Evangelio enseña que todo cristiano debe «dar razón de la esperanza» (1Ped. 3-15). Ese es el motor interno del ciudadano, lo que lo impulsa a continuar cada día para no caer “en la invalidez de la desesperanza». Como solía saludarnos Monseñor Pedro Reginaldo Lira: “Aquí vamos, caminando la Esperanza”.
No miramos en este análisis a la Iglesia desde la fe catequística -un verdadero liberalismo no acepta dogmas ni religiosos ni políticos, pero tampoco es sectario- pero vemos en las palabras de Monseñor García Cuerva definiciones políticas y sociales atinadas, prudentes y ajustadas a la cruda realidad de su tiempo.
Coincidimos, pues, con el clérigo en denunciar al individualismo como dogma, y rechazamos la confrontación permanente, la vituperación del que piensa distinto como método político y la descalificación del otro como enemigo. Creemos en la más absoluta Libertad, pero nos preocupa profundamente un libertarismo desnudo de toda piedad. –
También podés leer:
Y al final… ¿Para qué resucitó Cristo? – Ernesto Bisceglia – Editorial
Del púlpito al algoritmo: El engagement y la salvación digital – Ernesto Bisceglia – Editorial
