¿A dónde vamos cuando no vamos a ninguna parte?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

RESUMEN: A partir de la reflexión de Antonio Gramsci, la nota plantea que la Argentina vive en un interregno: mucho movimiento, pero sin rumbo ni proyecto común. La ausencia de dirigencia con pulso ha dejado a la sociedad librada a la supervivencia individual, erosionando la idea de comunidad. En ese vacío, el país no se detiene: deriva, se desgasta y naturaliza su propia falta de destino.

Antonio Gramsci, afirmaba: “La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”, y en ese espacio aparecen los monstruos.

Argentina parece haberse instalado, con una comodidad inquietante, en ese punto muerto de la historia. No es que no se mueva: se agita, se sacude, discute, grita. Pero no avanza. Por el contrario, comienza a suceder un sentimiento de que todo se hunde. Es el movimiento de quien camina en una cinta mecánica: mucho esfuerzo para permanecer exactamente en el mismo lugar.

¿Dónde vamos cuando no vamos a ninguna parte?

Tal vez la respuesta más honesta sea: a ninguna. Pero sería demasiado simple, y la realidad  es más cruel. Porque en ese no ir, en ese extravío sin destino, también hay un ir: vamos hacia el desgaste, hacia la pérdida de sentido, hacia la naturalización de lo inaceptable. Un país sin proyecto no es un país detenido: es un país entregado.

No hay épica sin dirección. No hay política sin horizonte. Y, sobre todo, no hay sociedad que resista demasiado tiempo sin una idea, aunque sea mínima, de futuro compartido. Lo que tenemos, en cambio, es una dirigencia que administra la inmediatez, como si gobernar fuera apenas apagar incendios que ellos mismos provocaron.

Esa tensión entre el equilibrio fiscal y la paz social es, quizás, el nudo gordiano de la gestión pública actual. Un número en una planilla de Excel puede cerrar perfectamente, pero si no se traduce en bienestar o en un horizonte de previsibilidad, se convierte en una cifra vacía para quien se siente excluido.

El «ajuste» no es un proceso técnico, sino que recae sobre personas con nombres, apellidos y necesidades básicas insatisfechas.

Se ha perdido algo más profundo que un plan económico o una plataforma electoral: se ha perdido el pulso. Esa capacidad casi biológica de sentir el tiempo histórico, de anticipar, de conducir. Nuestros dirigentes no conducen: reaccionan. No proponen: improvisan. No convocan: sobreviven.

Y entonces la sociedad hace lo que puede: se repliega. Se individualiza. Se salva -o lo intenta- como puede. El otro deja de ser un compatriota para convertirse en competencia, en amenaza o, peor aún, en irrelevancia. Cuando no hay destino común, cada uno se fabrica su propia salida de emergencia.

Pero ningún país se construye desde las salidas de emergencia.

Quizás, en el fondo, la pregunta no sea “dónde vamos”, sino “quiénes somos cuando dejamos de saber a dónde ir”. Porque en ese desconcierto se revela una verdad incómoda: no sólo falta dirigencia; también falta comunidad. No sólo faltan líderes; falta, acaso, una sociedad dispuesta a exigirlos.

Gramsci hablaba de monstruos. No eran criaturas fantásticas: eran las deformaciones de la política cuando pierde su razón de ser. Tal vez los nuestros no tengan garras ni colmillos, pero gobiernan, opinan y ocupan espacios de poder.

Y mientras tanto, seguimos…. “de yiro”, dirían en el barrio. Como si avanzar fuera una costumbre y no una decisión.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.

También podés leer:

Ni Hitler se animó a tanto: Trump amenaza al Papa – Ernesto Bisceglia – Editorial

Confieso: Soy un delincuente… – Ernesto Bisceglia – Editorial

El dilema Sáenz: Ni volver al pasado con cleptómanos ni arriesgar el futuro con improvisados – Ernesto Bisceglia – Editorial