POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Washington acaba de abrir una puerta que Buenos Aires interpreta como una oportunidad histórica. Pero si las elecciones de medio término de noviembre debilitan políticamente a Donald Trump, ¿cuánto durará esa puerta abierta?
Porque una cosa es cambiar la política exterior de Estados Unidos y otra, bastante distinta, que Trump haya decidido utilizar Malvinas como moneda de cambio con Londres.
Conviene recordar, antes de que comiencen los festejos patrióticos con banda y bombo, que Trump no está jugando en noviembre la continuidad de su presidencia. Lo que estará en juego son las elecciones legislativas de medio término. Una derrota republicana podría quitarle margen de maniobra en el Congreso y convertir buena parte de sus iniciativas internacionales en algo bastante más complicado de sostener.
Pero observamos, entretanto, a argentinos contentos que enfáticamente dicen: “Vamos a recuperar las Malvinas gracias a Milei”.
Criaturas… son tan tiernos.
Parece que no han leído demasiado de geopolítica durante los últimos veinte o treinta años. Y, mucho menos, han reparado en algo bastante más importante: lo que hoy se está jugando en Medio Oriente puede terminar definiendo el rumbo de la política internacional y de la economía mundial durante las próximas décadas.
Porque quizá el problema no sea preguntarnos si Trump ayudará a la Argentina a recuperar las Malvinas sino que tal vez la pregunta correcta sea otra: ¿Qué interés tiene Trump en las Malvinas?
Y esa pregunta cambia completamente el tablero.
Trump no ha anunciado que Estados Unidos vaya a reconocer la soberanía argentina. No ha prometido respaldar a Buenos Aires ni ha presentado una nueva doctrina sobre el Atlántico Sur. Ha dicho, simplemente, que está revisando la posición estadounidense.
Y mientras algunos ya están preparando el champagne para brindar por Puerto Argentino, convendría preguntarse si Washington acaba de descubrir la justicia histórica de la causa argentina… o si simplemente encontró en las Malvinas otra ficha para jugar una partida mucho más grande.
Porque las palabras de Trump aparecen en medio de una relación cada vez más tensa con Londres y de una guerra con Irán que está reordenando alianzas, intereses estratégicos, mercados energéticos y posiciones militares.
Y ahí, justamente ahí, comienza la parte que nuestros patriotas de TikTok parecen no haber leído.
Según Reuters, la posibilidad de modificar la posición estadounidense sobre Malvinas habría aparecido entre las opciones consideradas por el Pentágono para presionar a aliados de la OTAN que no estaban acompañando suficientemente a Washington en la guerra con Irán.
Es decir, Malvinas podría ser una pieza en una negociación Washington-Londres cuyo tablero está en Medio Oriente. Revisado el tablero mundial, la Argentina y su presidente no le interesan a nadie, menos que este país recupere las Islas Malvinas.
Si se informaran, hallarían la importancia estratégica de Malvinas en el posible cambio de mando hegemónico mundial; es decir, a nadie, ni a Trump, menos a los ingleses, ni a China, le interesa que esa región pase a dominio completo argentino. Menos todavía les interesa nuestro presidente.
Ahí se configura un hermoso problema para Milei, donde Argentina podría encontrarse con algo bastante incómodo: haber confundido una coyuntura diplomática con un cambio estructural de la política exterior de Estados Unidos.
¿Y si Londres sobrevive a Trump?
El gobierno británico ya respondió que su compromiso con las islas es “absoluto e inamovible”, mientras que los isleños votaron masivamente en 2013 por permanecer bajo soberanía británica.
Entonces tenemos un tablero fascinante explicado con peluches:
Trump: “Estoy revisando mi posición”.
Milei: “Los vientos de cambio soplan a favor de Argentina”.
Londres: “Ni se les ocurra”.
Y en el medio, una pregunta que debiéramos estar haciéndonos todos: ¿Argentina está recuperando una posibilidad histórica o simplemente está alquilando una circunstancia política ajena?
Seamos realistas, que esta vez no nos gane en el entusiasmo como 1982…
