POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
RESUMEN: En tiempos donde la estridencia suplanta al pensamiento, el periodismo ha dejado de interpelar para apenas rozar la superficie del escándalo. Entre operaciones baratas y chimentos de conventillo, se disuelve el oficio en un batiburrillo sin ideas ni destino. Y mientras tanto, la política -huérfana de proyectos- deja narrar por quienes ya no saben pensarla.
Provengo de una formación que podríamos llamar clásica, y conservo —a esta altura, casi como rareza— la pasión por pensar y comunicar. Será que pertenecemos a esa última generación que tuvo la suerte de tener maestras y profesores de tan alto nivel que cuando ingresamos a la universidad los estudios académicos nos resultaban casi un paseo. De allí que nuestra literatura sea tan acerada, que podamos formular conclusiones y elaborar análisis que, personalmente, veo prácticamente desaparecidos en el periodismo en general.
En los medios nacionales aún se encuentran articulistas de fondo, analistas de fuste en los principales diarios. Hallamos notas muy jugosas y nutridas de fuentes inobjetables. Pero en Salta, el panorama del periodismo es realmente calamitoso. Casi todos quieren hacer “periodismo político”, y no conocen lo que significa el oficio y menos entienden la política.
Así, todo se ha reducido a operaciones de prensa tan baratas que causan escozor. Llaman periodismo a ese batiburrillo de conventillo. E intuyo que debo aclarar qué significa “batiburrillo”, porque descuento que los improvisados a quienes me refiero desconocen el término. Se refiere a una mezcla desordenada, confusa y heterogénea de cosas. Algo así como un revoltijo donde conviven elementos distintos sin demasiado criterio ni armonía.
Para darle más color a esta pincelada, añadiré que el término “batiburrillo” tiene un origen muy concreto y pintoresco: en la cocina tradicional española -particularmente en Aragón- el “batiburrillo” era un plato hecho con vísceras de cordero mezcladas y condimentadas. Es decir, ya desde su cuna, la palabra nace del cruce, del amontonamiento, de lo diverso reunido sin pudor. Aplicado a esto que en Salta, algunos llaman “periodismo”, se podría decir que es la estética del caos, cuando se pierden el orden y queda apenas la mezcla.
Habiendo dictado un cacho de docencia, notamos que en la proliferación de “medios” y en las redes, abundan los escarceos, es decir, tanteos o incursiones superficiales, del tono “Fulano afana”; “Fulana tiene un entongue con…” “La mina esta es amante de…”; “Ahora se hace la fina cuando se revolcaba con…”, o preguntas del tipo “Che, fulano, cómo hiciste para comprarte el BMW”, “Eh, vos que guitarreas en la peña igual que en el recinto”… A cada frase podríamos agregarle un (sic).
En un momento tan álgido de la política global, nacional y provincial, uno cree que la función del periodismo tendría que tener algo -aunque sea una pizca- de altruismo, de pensamiento, de análisis crítico y por supuesto, formular hipótesis. Una sociedad agobiada por un ajuste vandálico, todavía encima es saturada por improvisados que hacen reportajes insulsos, mal intencionados o edulcorados hasta el empalagamiento.
Miramos hacia esa historia cuando las protoplumas publicaban en la “Imprenta de la Patria”, que ahora se halla tirada en algún rincón en Cafayate, a cuya intendente le expliqué el valor histórico de esa pieza, pero claro, para comprender eso hay que haber terminado por lo menos la secundaria; imprenta donde se forjaron las primeras ideas liminares que parieron la Patria.
Desde el periodismo surgió nada menos que la Constitución Nacional y las primeras leyes fundamentales de la República. Durante las presidencias históricas (Sarmiento, Mitre, Avellaneda) los diarios fueron las tribunas donde los sectores en pugna se disparaban ideas, se refutaban posiciones ideológicas. Ahora se cruzan insultos, chimentos sobre la moral de este o aquel, acusaciones temerarias que si hubiera fiscales como la gente se harían un festival de notitia criminis. ¡Y ni digamos del léxico! Mujeres “periodistas” con un vocabulario que harían sonrojar a un estibador portuario.
Y así estamos: entre la cháchara y la nada, confundiendo ruido con pensamiento.
Me viene entonces a la memoria -inevitablemente- aquel remate de Pepitito Marrone: ¡Cheeeee…!
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.
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