Un Cacho de Cultura: Wagner;  el DJ involuntario del Tercer Reich

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Uno, en ocasiones, se pregunta ¿Qué distancia existe entre una obra y su autor y la consideración que la posteridad le otorga? La respuesta tal vez sea la falta de cultura general, de conocimiento de la historia. El caso de Richard Wagner es un ejemplo de máxima.

Vaya a saber qué trastornado escribió alguna vez asociando a Wagner con el nazismo como si esa tremenda obra “La cabalgata de las Walkirias”, hubiese sido un tributo de su autor para que la Reichskanzlei entrara en modo desfile. Desde sus cenizas, el pobre Wagner, debe estar revolcándose al ver que medio siglo después de su muerte un demente y dictador iba a convertir su música en el leimotiv de su pesadilla ideológica.

Es que Adolf Hitler, sentía fascinación por la música de Wagner, que en su interpretación (de Hitler), concentraba todos los “ideales” del Tercer Reich: un antisemitismo místico, de esos que no necesitan datos sino sensaciones; una mitología germánica donde el Volk aparece como protagonista de su propia epopeya; y una música delirante, monumental, de esas que hacen sentir que el mundo está a punto de estallar en gloria o en tragedia. El nazismo no necesitó inventar nada: simplemente entró a Bayreuth, levantó la tapa del piano y se sirvió.

La familia de Wagner ayudó un poco en todo esto. Winifred, la nuera del compositor, se convirtió en íntima amiga de Hitler, convirtiendo el Festival de Bayreuth en un santuario pagano del Tercer Reich. Mientras tanto, el Führer, incapaz de construir una frase coherente pero hábil para las escenografías emocionales, moldeó la estética del nazismo a imagen y semejanza del crescendo wagneriano: grandiosidad, destino, tragedia, humo, antorchas… y un delirio de proporciones meticulosas.

¿Es justo cargar a Wagner con la culpa? No del todo. Sus óperas no asesinaban a nadie; sus acordes no firmaron decretos. Pero sí es cierto que su obra ofreció el decorado perfecto para quienes querían vestir el odio con ropajes míticos. La desgracia de Wagner no fue ser nazi, sino haber sido utilizable. Y en política, ser utilizable es a veces más peligroso que ser cómplice.

Así quedó Wagner: un compositor gigantesco atrapado en la vitrina equivocada. Un genio que, sin proponérselo, terminó convertido en DJ póstumo del horror. Cosas que pasan cuando la música es más grande —y más ambigua— que los hombres capaces de interpretarla.