Un Cacho de Cultura: Rachmaninov y la música que vuelve del abismo

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Un domingo amerita una música que favorezca la contemplación. Que provoque un suspiro del espíritu. Rachmaninov, es un autor poco conocido popularmente, con piezas en ocasiones “difíciles”, pero dentro de su repertorio el Adagio sostenuto del Concierto para Piano Nº 2 en do menor, Op. 18 de Sergei Rachmaninoff pertenece claramente a esa categoría de música que moviliza sentimientos sublimes.

Cuenta la historia que después del fracaso devastador de su Primera Sinfonía, Rachmaninov cayó en una depresión tan profunda que dejó de componer durante años. No podía escribir una sola nota. El silencio era absoluto. Este concierto y especialmente este segundo movimiento, es, literalmente, el sonido de alguien regresando a la vida.

El Adagio sostenuto comienza casi sin anunciarse: una respiración lenta del piano, como si la música dudara de sí misma. Luego entran las cuerdas y aparece una melodía de una belleza incómoda, porque no busca impresionar sino consolar. No hay dramatismo exagerado; hay intimidad. Es música nocturna, de pensamiento largo, de esos momentos en que el mundo parece detenerse apenas lo suficiente para que uno vuelva a ordenarse por dentro.

Rachmaninov no escribe aquí para el virtuosismo del pianista sino para la memoria emocional del oyente. Cada frase parece recordar algo que nunca terminamos de olvidar. Por eso este movimiento ha sobrevivido al tiempo: porque no describe una época, describe un estado del alma.

Escucharlo hoy, en medio del fragor de un mundo acelerado y ruidoso, es casi un acto de resistencia. Durante unos minutos, todo deja de correr.

Y acaso esa sea la verdadera función del arte: recordarnos que incluso después del fracaso, del ruido o de la historia misma, todavía es posible volver a empezar en tono menor.

© – Ernesto Bisceglia