POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Disfrutamos ya del Preludio de “La Traviata”, y ahora, avanzando en la obra tocamos uno de sus momentos más conocidos popularmente: El brindis, que más que un fragmento clásico es una declaración de vida.
En efecto, el genio de Giussepe Verdi, instaló en el cuerpo de la obra algunos mensajes que van más allá de la música en si.
Cuando Alfredo Germont levanta la copa y canta “Libiamo ne’ lieti calici che la bellezza infiora” (“bebamos en las alegres copas que la belleza adorna”), no está haciendo un brindis cualquiera. Está proclamando una filosofía: vivir ahora, amar ahora, porque la vida es breve.
Ese hedonismo elegante es exactamente el mundo en el que vive Violetta Valéry: fiestas, lujo, juventud, placer. La música es brillante, ligera, casi contagiosa. Pero el espectador sabe algo que los invitados ignoran: Violetta está enferma.
En segundo lugar, en la escena del brindis se esconde un vals. Si notamos con atención, la estructura musical representa a la danza de salón por excelencia del siglo XIX.
Esto no es casual, porque allí, Verdi, representa los valores de la alta sociedad de entonces: la elegancia, sensualidad contenida y en cada giro el el vértigo del placer
Verdi utiliza ese ritmo para pintar el ambiente parisino en el que se mueve Violetta: un mundo refinado, brillante… y superficial.
La tercera clave del pasaje del brindis anuncia el destino sin decirlo. Suena alegre…, pero el drama ya está sembrado. Casi, podríamos decir aquello de que “el cisne canta antes de morir”.
En esa misma escena, después del brindis, Violetta queda sola y canta “Sempre libera”, donde aparece el conflicto central de la ópera: la libertad y el placer o el amor verdadero. La fiesta abre la puerta a la tragedia.
El brindis entonces funciona como un instante suspendido, el último momento en que todos creen que la vida es simplemente una fiesta.
En suma, el momento podría describirse así: el brindis de La Traviata es la alegría cantada por quienes todavía no saben que el destino ya llegó.
Y quizá por eso sigue siendo uno de los momentos más irresistibles de toda la ópera: porque, como en la vida, la música celebra mientras el tiempo empieza a cobrarse la cuenta. –
A continuación, ofrecemos la versión completa de La Traviata