Un Cacho de Cultura: La misteriosa emisión de “El lago de los cisnes” en la Radio del Fin del Mundo

REDACCIÓN – www.ernestobisceglia.com.ar

La noticia ha ganado las redacciones del todo el mundo. Luego de años, hace horas, una emisora rusa conocida como la Radio del Fin del Mundo, que durante décadas no hizo otra cosa que emitir un zumbido monótono, casi hipnótico, interrumpido de tanto en tanto por mensajes cifrados que nadie termina de comprender del todo, porque no informa, no explica, no opina, interrumpió su rutina para emitir El lago de los Cisnes, de Piotr Ilich Tchaicosvky.

No es un dato menor. En Rusia, El Lago de los Cises no es simplemente música clásica. Durante la era soviética, se convirtió en una especie de idioma de emergencia: sonaba en la radio y la televisión cuando moría un líder, cuando había un golpe de Estado, cuando el poder no sabía todavía qué decir. Cada vez que el discurso se suspendía, entraba el ballet.

Tchaicovsky, sin proponérselo, compuso la banda sonora del silencio político.

No es casual. El Lago de los Cisnes es una obra atravesada por la dualidad —el cisne blanco y el cisne negro—, por el amor imposible y por un destino que se repite. Nada se resuelve del todo. Todo gira. Todo vuelve. Es belleza, sí, pero también tragedia contenida, ordenada, casi matemática.

Que esa música suene hoy desde una radio que durante años emitió sólo ruido no parece una anécdota técnica. Suena más bien a síntoma. Cuando el lenguaje se agota, cuando las palabras ya no alcanzan —o ya no significan— aparece la música. No para explicar, sino para suspender.

Vivimos una época donde el discurso está saturado. Palabras como democracia, república, derechos, seguridad o paz se repiten hasta vaciarse. Se dicen tanto que dejan de decir. Y cuando eso ocurre, el sistema —cualquiera sea— recurre a gestos, a símbolos, a sonidos.

La extraña emisora emite esta obra momentos después de que Vladimir Putin, alertara sobre lo que ocurriría si la Unión Europea le iniciara la guerra a Rusia.

Antes era un ballet. Hoy puede ser una imagen, un algoritmo, una inteligencia artificial que habla con tono amable.

Tal vez la radio del fin del mundo no quiso advertir nada. Tal vez no fue un mensaje secreto ni una señal militar.

Tal vez fue algo más inquietante y más simple: cuando el poder no sabe qué decir, pone música.

Y cuando una civilización ya no sabe cómo decirse a sí misma lo que le pasa, escucha en silencio.